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ETA sólo sabe el lenguaje de las bombas

Hacer alusión a cuáles son las intenciones de ETA tras los últimos atentados de este verano puede tener algo incluso de reiterativo: al fin y al cabo, no hay más que una frenética huida hacia adelante en su delirante intento por doblegar a la democracia española mediante el crimen y la destrucción.

el 16 sep 2009 / 07:01 h.

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Hacer alusión a cuáles son las intenciones de ETA tras los últimos atentados de este verano puede tener algo incluso de reiterativo: al fin y al cabo, no hay más que una frenética huida hacia adelante en su delirante intento por doblegar a la democracia española mediante el crimen y la destrucción. Ésa es la realidad de lo que hay, pero el rechazo a acciones tan repugnantes no debe esconder el análisis más sosegado sobre la estrategia emprendida por la banda terrorista. En ese sentido, las bombas que estallaron el domingo en pleno casco urbano de Palma de Mallorca tenían tres objetivos principales. En primer lugar, 1) demostrar que tenían capacidad de hacer estallar los artefactos a pesar del monumental despliegue de fuerzas de seguridad que ha tomado la isla tras el asesinato de los dos guardias civiles cometido el 30 de julio; 2) amedrentar y sacudir a la sociedad española, a la que hace ver que es capaz de empezar a poner bombas en los baños de señoras de una pizzería, un restaurante y los bajos de una galería comercial y 3) lograr una acción con una amplia repercusión internacional por el impacto mediático de Mallorca, destino para cientos de miles de turistas europeos. Quienes mantienen esta estrategia de terror creen que así demuestran que la acción policial no consigue inutilizarles por completo y que, por eso, el Estado debe avenirse a una negociación del final del conflicto. Nada más lejos de sus absurdas ilusiones. El Gobierno ya les ha hecho ver una y otra vez (y el ministro Rubalcaba lo repite casi a diario) que se acabaron las ofertas de diálogo que luego estos delincuentes disfrazados de gudaris convierten en farsas. Los etarras sólo tienen el camino de la rendición y el abandono de las armas. Y quienes han puesto las bombas de Mallorca y han segado la vida de dos agentes lo verán con sus propios ojos desde la cárcel en la que acabarán cuando sean detenidos por las Fuerzas de Seguridad del Estado.

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