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Cofradías

Eternidad y fervor por la Alcazaba

Carlos Yruela cumplía 25 años como capataz del palio de la Virgen de los Dolores.

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el 30 mar 2010 / 19:29 h.

Faltaba casi media hora para que los primeros nazarenos poblaran la calle Mateos Gago, pero por las inmediaciones de la Alcazaba ya no cabía nadie más. El ocaso de la tarde del Martes Santo caía sobre la ciudad y con él llegaba el crujir de la puerta de la parroquia de Santa Cruz, que anunciaba la llegada de la cruz de plata que abría el cortejo de la cofradía, inspirada en una de forja situada en este rincón de ensueño de la ciudad.

Los negros nazarenos de cola avanzaban con celeridad por la plataforma de madera instalada a las puerta de la parroquia, y con la salida del tercero de los tramos las campanas anunciaba las siete de la tarde. Era la hora prevista para salir, pero la complicada maniobra que debían realizar los pasos para cruzar la puerta del templo aconsejaba adelantarla.

Besando el dintel de la parroquia y hundido hasta las rodillas, el Crucificado de las Misericordias enfilaba la calle Mateos Gago entre un silencio sobrecogedor. En el interior del templo aguardaba la Virgen de los Dolores y, sin dejar de mirarla, Carlos Yruela, que cumplía 25 años al frente de este singular paso de palio. Viendo la puerta y el paso parecía imposible que llegara a completar la salida, sólo la maniobra de filigrana de sus costaleros logró hacer posible el milagro, aunque con un leve toque que levantó la tapa de uno de los faroles de cola. La noche caía en Mateos Gago y la dulce melodía de la marcha Santa Cruz llenaba de melancolía cada rincón de la Alcazaba. No había marco más perfecto para la cruz que se hizo santa.

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