Cultura

«Eulalia de Borbón prefirió la felicidad a ceñirse una corona»

La oveja negra de la realeza: así ha pasado a la posteridad Eulalia de Borbón (1864-1958), la díscola aristócrata que revolucionó su tiempo, y cuya peripecia vital recoge al detalle José María Zavala en el libro 'La infanta republicana' (Plaza & Janés). Foto: Antonio Acedo.

el 15 sep 2009 / 17:37 h.

La oveja negra de la realeza: así ha pasado a la posteridad Eulalia de Borbón (1864-1958), la díscola aristócrata que revolucionó su tiempo, y cuya peripecia vital recoge al detalle José María Zavala en el libro 'La infanta republicana' (Plaza & Janés).

Hija de Isabel II, hermana de Alfonso XII y por consiguiente tía bisabuela de Juan Carlos I, esta enérgica mujer fue intelectual, cosmopolita, eterna exiliada y feminista. Se codeó con Napoleón III, Eugenia de Montijo, la reina Victoria y Bismark, conoció a intelectuales de la talla de D'Annunzio, Víctor Hugo, Honore de Balzac, Alejandro Dumas o Anatole France.

Todo un paradigma de las inquietudes culturales y vitales de principios del siglo XX. Así queda reflejada en el minucioso trabajo de Zavala, quien la define como "la única Borbón, que yo sepa, que le plantó cara al rey de España con un libro en el que abogaba por la emancipación de la mujer y el divorcio ¡en 1911! Y todavía a día de hoy, un siglo después, la infanta Elena tiene que hablar de 'cese temporal de la convivencia".

Ser infanta o mujer . Ese volumen, en efecto, le costó a Eulalia diez años de destierro en Francia. "Pero no hay mal que por bien no venga", señala Zavala. "A ella le encantaba estar en París, lejos del protocolo. Su hermana, la infanta Isabel, quería obligarla a casarse con Antonio de Orleans y le espetó aquello de 'hay que saber ser infanta antes que mujer', pero no hubo manera. Siempre fue políticamente correcta, un incordio para su dinastía. Creo que se equivocó de siglo", añade.

Zavala, que ha buceado en toda suerte de archivos para componer este voluminoso retrato, cree que una de las razones por las que llaman tanto la atención las cosas de la aristocracia es por la sorpresa que produce reconocer en ella humanas debilidades. "Decidí escribir sobre ella, entre otras cosas, para trasladar al lector la idea de que los príncipes y los reyes son de carne y hueso, como nosotros", dice. "Ellos están obligados por sus normas ancestrales a marcar las diferencias con los mortales, y me parece que eso no está mal. No estoy de acuerdo con que el pueblo tutee a sus monarcas, eso desvirtúa en cierto modo la esencia de las instituciones".

En cualquier caso, Eulalia de Borbón, en opinión de Zavala, pasará a la Historia como "la persona que, aunque acabara siendo menos influyente y poderosa, renunció a todo para ser feliz. Tuvo una vida libre, divertida, rodeada de intelectuales y de personalidades como el zar de Rusia, e hizo cosas que, de haber sido reina, no habría podido ni soñar".

El autor del libro, aunque está dispuesto a difundir la figura de Eulalia todo lo que sea necesario, asegura sin embargo que no entrará al trapo en los espacios del corazón. "No me voy a prestar jamás al chismorreo. Yo busco contar historias que calen en la gente, y exponerlas de un modo que no sea un rollo soporífero, pero para mí lo más importante es la divulgación", apostilla.

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