Cultura

Eva Yerbabuena: «Los premios no tienen por qué obligarte a nada»

La bailaora granadina recibió ayer en Sevilla el prestigioso Premio Compás del Cante que entrega la Fundación Cruzcampo.

el 20 nov 2009 / 20:19 h.

Eva Garrido Yerbabuena es una mujer feliz y una bailaora inmensamente dichosa por haber recibido un galardón, el Compás del Cante, destinado por la Fundación Cruzcampo a lumbreras del arte que ya van de vuelta. Es la galardonada más joven. Le cuesta echar fuera lo que siente si no está bailando, pero charlamos con ella y lo soltó todo, se reía, se emocionaba hablando de sus padres, de su marido, el guitarrista Paco Jarana, y, sobre todo, de su hija Manuela, que es hoy el sentido de su existencia.

–¿Cómo supo de la noticia?                                                                                       –Llegando a Marrakech. Me quedé de piedra, porque sé que el Compás del Cante se lo han dado siempre a artistas veteranos, como reconocimiento a una trayectoria llena de éxitos. A Pilar López, por ejemplo. ¡Uff!

–¿Qué pensó en ese preciso instante?                                                                                                                    –Cuando lo asimilé, en seguida pensé en que estas cosas hay que agradecerlas mucho, porque es importante que los que saben reconozcan el trabajo de una artista. Sobre todo si no era algo cantado, que no lo era, desde luego.

–¿Llamó a alguien para contárselo?                                                                                                                          –A nadie; soy muy tímida para dar ese tipo de noticias. Sobre todo si son buenas. Lo hizo Paco Jarana, mi marido. Primero, claro, llamó a la familia; después, al equipo que trabaja conmigo, porque el premio no es sólo mío, es un galardón para compartirlo con mucha gente. Aunque la estatuilla, claro, estará en nuestra casa.

–¿En qué momento le llega este premio?
–En un momento magnífico de mi vida. Llevo diez años con mi propia compañía y en estos años hemos hecho un gran trabajo. Pero aunque me haya llegado en un buen momento, la alegría es igual de grande que si me hubiera llegado en un mal momento.

–¿A qué le obliga una distinción tan importante?
–Los premios no tienen por qué obligarte a nada. Desde luego, a dar las gracias a mucha gente. Siempre pongo el alma en lo que hago y los premios, que ya he recibido algunos, sólo son un estímulo para seguir trabajando. O sea, que no tendré que demostrar nada nuevo a partir de este premio, supongo.

–¿Alguna vez había estado antes en la entrega del Compás del Cante?   –Nunca; es curioso. Sabía que era un acto señorial al que van muchos artistas, críticos y autoridades. En ese hotel, además, el Alfonso XIII, que es una joya. ¡Y en Sevilla! Demasiado.

–¿Ha invitado a alguien especial?
–A familiares y amigos. Ha estado mi hija Manuela, a la que dejo muchas veces en casa porque ando siempre de arriba para abajo, de país en país. Quería que viviera este gran momento conmigo.

–La pregunta del millón. ¿Es cervecera?                                                            –¡No! Tiene gracia, pero soy poco cervecera. Me gusta una cerveza sin alcohol después de bailar, porque me relaja. Pero no soy bebedora. Después de este premio, habrá que aficionarse un poco, ¿no?

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