Cultura

Evocaciones de Rusia desde Brasil

ROSS ** 6º concierto de abono de la XXV temporada de conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Neschling, director. Programa: Episodio Sinfónico de Antonio Francisco Braga; Danzas Sinfónicas Op. 45 de Rachmaninov; Sinfonía nº 2 Op. 17 “Pequeña Rusia” de Chaikovski. Teatro de la Maestranza, jueves 11 de diciembre de 2014

el 12 dic 2014 / 10:11 h.

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No es precisamente el colmo de la originalidad programar a Rachmaninov y Chaikovski en un mismo concierto, pero quizás en esta ocasión tenía más sentido si se piensa en las piezas elegidas como evocaciones de la patria Rusia desde dentro y fuera. Las Danzas Sinfónicas del primero, su última y para muchos mejor obra, son pura poesía y voluptuosidad y tienen en el adagio central del primer movimiento un claro gesto de melancolía para quien exiliado en Estados Unidos se encontraba ya cerca de la muerte. Chaikovski por su parte evoca en su Sinfonía nº 2 el paisaje rural y entonces alegre de Ucrania, esa Pequeña Rusia del título, con un estilo popular y nacionalista. La página del brasileño Antonio Braga con la que se inició el concierto, un amable y pequeño poema sinfónico romántico que su compatriota John Neschling dirigió con buen pulso en su regreso frente a la ROSS, preparó el ambiente para esas Danzas Sinfónicas que galopan hacia un destino inevitable. Esta indiscutible obra maestra constituye toda una prueba de fuego para cualquier orquesta, exigiendo las máximas prestaciones de cada una de sus secciones. En este sentido los maestros y maestras del conjunto cumplieron satisfactoriamente, desde el hechizante piano de Postnikova al seductor saxo de Pérez Herrero pasando por el diabólico violín de Crambes y muy especialmente metales y timbales. La batuta de Neschling no estuvo a la misma altura en expresividad. El resultado fue correcto y solvente, pero no fascinante ni apabullante. La cuerda no tuvo la intensidad adecuada a sus largas líneas melódicas; faltó carácter grotesco en el primer movimiento; y el vals resultó dramático pero no siniestro. Pecó de escasa profundidad lírica si bien logró alcanzar su cénit con carácter victorioso. La Sinfonía nº 2 de Chaikovski no es una pieza sobresaliente, pero su carácter cálido y vivo puede convertir su escucha en una experiencia agradable y entretenida, cosa que no ocurrió en manos de Neschling, que ofreció una versión clara pero plomiza, sin apenas juegos cromáticos ni dinámicos, y en la que sólo destacó el scherzo.  

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