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Excompañeras de la presunta autora del triple infanticidio denuncian su falta de titulación y negligente comportamiento

Aseguran que todo ello era pasado por alto por su condición de madre  de la coordinadora regional de Mensajeros de la Paz.

el 22 ago 2011 / 09:45 h.

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Extrabajadoras del centro de acogida de Boecillo (Valladolid)  donde la pasada semana murieron tres menores discapacitados a manos,  presuntamente, de su cuidadora , han denunciado que la detenida  carecía de titulación alguna para desempeñar el puesto de trabajo en  el que se encontraba y la han acusado de gozar de determinados  "privilegios" y de ser negligente con los niños que tenía a su cargo.  "Esperamos que con todo esto dejemos de oír las palabras "'homicidio  por compasión' y 'ataque de locura'", apuntan.

"Si nos ceñimos a la ley, la titulación que se exige actualmente  es el ciclo formativo de grado medio de Auxiliar de Clínica o  Atención Sociosanitaria", advierten sus excompañeras a través de una  carta anónima recogida por Europa Press que justifican en el temor a  posibles represalias que pudieran sufrir en un futuro de tipo  laboral.

Además, la autoras de la carta explican que el trabajo que  soportaba su compañera, consistente en una jornada continua de 40  horas que comenzaba el sábado a las 17.00 y concluía el lunes a las  09.00 horas, pudo fácilmente degenerar en el síndrome de Burnout o  del "trabajador quemado", del que tanto se ha hablado, si bien han  precisado que dicho horario había sido elegido por ella misma ya que  al vivir en otra ciudad le resultaba muy cómodo para compatibilizar  su vida personal y laboral.

Pero además, las denunciantes han censurado que ese "privilegio de  elegir horarios, entre otros muchos", se debía al hecho de que la  presunta infanticida es la madre de una de las coordinadoras de  Mensajeros de la Paz en Castilla y León.

A ello, y como agravante, añaden el hecho de que la directiva y  resto de empleados eran plenamente conocedores de la sintomatología  depresiva de Gabriela L.B, que, como así refieren, "se jactaba de  toda la medicación que tomaba, de la cual decía que no podía vivir  sin ella, pero que tampoco le ayudaba", y por ello se preguntan si  era una persona capacitada para cubrir ese puesto.

Aunque las mismas fuentes ven normal lo ocurrido porque el  personal no era supervisado periódicamente para comprobar su valía.  "Las únicas inspecciones que se han realizado en el centro son para  los extintores, aparatos eléctricos, gas y aparatos de Oxygen-Salud",  sentencian.  

POCO CARIÑOSA

Sobre algunas informaciones relativas al cariño que,  supuestamente, profesaba la detenida por los menores acogidos, las  extrabajadoras del centro se preguntan si ese cariño es propio de una  persona que "se negaba a pasear a los niños durante su jornada  laboral. Seguro que ningún vecino la ha visto empujando una de las  sillas de ruedas en dirección al parque o la piscina", al tiempo que  critican que igualmente se negaba a darles de comer sólo porque  tuviesen una pequeña rabieta o porque fuesen más lentos comiendo de  lo que ella considerase oportuno.  

Todas estas "negligencias", tal y como sostienen extrabajadoras del  centro, ya habían sido transmitidas a los superiores, si bien eran  pasadas por alto debido a la vinculación familiar de la detenida con  coordinadora de la organización en la Comunidad.  

Con respecto a la reiterada alusión a los acogimientos y  adopciones que se han realizado, las autoras de la carta anónima  también han aprovechado para acusar a Mensajeros de la Paz de no  haber facilitado la tarea e incluso de poner constantes "zancadillas.  Es por todo ello por lo que rogamos que se dejen de utilizar estos  actos para lavar la cara de esta fundación".

También la critican por la falta de estabilidad laboral del  personal de las educadoras, de ahí que éstas raramente pudieran  superar el año de contrato, "algo que no beneficiaba para nada la  estabilidad emocional de los niños, uno de los cuales había sufrido  tantas veces esta sensación de abandono que ya no hacía el esfuerzo  de crear ese vínculo emocional" porque para ellos las trabajadoras  "tenían fecha de caducidad".

La razón de esa escasa duración de los contratos de las educadoras  se debía, según inciden, a los continuos conflictos que surgían entre  éstas la presunta autora, en los que siempre salía beneficiada esta  última.

La misiva concluye con un emotivo recuerdo de los tres niños  fallecidos, por los que, tal y como precisan, nunca han sentido  compasión pues cada día les enseñaban una "nueva lección de vida. A  través de la lucha, la superación y las ganas de vivir demostrabais  que la discapacidad no era una barrera para alcanzar la felicidad.  Erais felices y nos hacíais felices. Gracias por habernos dejado  compartir vuestra corta vida con nosotras".

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