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Exotismo del ladrón y los chinos

En el prólogo a sus artículos sobre Cofradías Sevillanas escritos en los años 40 Luis Montoto decía: "Quede para la Filosofía de la Historia averiguar y explicar la causa por la que las cofradías, apenas nacidas, se clavaron en la entraña del pueblo".

el 15 sep 2009 / 02:23 h.

En el prólogo a sus artículos sobre Cofradías Sevillanas escritos en los años 40 Luis Montoto decía: "Quede para la Filosofía de la Historia averiguar y explicar la causa por la que las cofradías, apenas nacidas, se clavaron en la entraña del pueblo". La imagen del ladrón con túnica y capirote, captada por la cámara de seguridad de un bar, nos habla de cómo, en efecto, esa afirmación sigue siendo válida. La foto resulta después de todo casi natural en Sevilla puesto que en papeles de los siglos XVII y XVIII encontramos de vez en cuando casos parecidos en lo que a hechos de delincuencia se refiere, pero dará la vuelta al mundo como testimonio de un caso insólito y exótico.

Sin embargo, no tiene imagen ni estampa el hecho verdaderamente singular de esta Semana Santa: esas decenas de chinos vendiendo sillitas portátiles en esquinas y chaflanes de las calles del Centro. Debieron vender tantas que en lugares como la Magdalena o la Alfalfa cambiaron el modo de deambular de aquellos a los que nos gusta meternos en la bulla puesto que, quienes las compraban, establecían filas imposibles de traspasar. El ladrón, vestido de nazareno de una cofradía, es exponente de que, como decía Montoto, éstas están en la entraña del pueblo pero quienes lo han aprendido y se han aprovechado de ello son los chinos vendedores de sillas. Esos chinos que a los sevillanos nos parecen exóticos.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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