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Cofradías

Explosión de sentimientos por fin en San Nicolás

Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Candelaria recorrieron las calles del Centro entre el júbilo de unos hermanos ansiosos por procesionar por fin

el 15 abr 2014 / 21:26 h.

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MÁS FOTOS EN LA FOTOGALERÍA La noticia no estaba este año en el paso por los Jardines de Murillo, ni en el callejear por la Contratación o Santa María la Blanca. La noticia era la salida del Señor de la Salud y de María Santísima de la Candelaria con un cielo, por fin, limpio de nubes negras. «Nos vamos a resarcir, vamos a disfrutar, al tiempo que llevaremos nuestra plegaria por dentro. Tres años sin procesionar es mucho», comentaba un hermano minutos antes de dejar atrás la iglesia de San Nicolás de Bari. Y tanto que es mucho: Nicolás Cerezo, de seis años, se estrenaba por fin de nazareno tras tres intentos en vano y Diego de la Prada, con 78 años, se preguntaba si su cuerpo aguantaría porque «no es lo mismo afrontar la estación de penitencia después de tanto tiempo». Candelaria-Martes-Santo La Virgen de La Candelaria saliendo de su templo. Foto: Carlos Hernández Emoción, euforia, impaciencia, devoción... mezcla de sentimientos que ayer explotó cuando a las 18.45 el Señor de la Salud dejó el templo de San José rozando sus puertas. Entonces llegó el momento de Joaquín Cazorla, prioste de Honor de la Candelaria y encargado de colocar el remate de la cruz de la talla del siglo XVII atribuida al círculo de Ocampo. Este año, un monte de lirios y rosas rojas acompañó a Nuestro Padre Jesús de la Salud, mientras que la banda de las Tres Caídas deleitó por primera vez en la calle con la marcha Viacrucis de San Nicolás. Media hora más tarde, el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Parques y Jardines, Maximiliano Vílchez, y el presidente del Cabildo de Tenerife se estrenaban en el acompañamiento de la Virgen de la Candelaria de Manuel Galiano, que lucía bellísima entre jacintos, calas, campanillas y rosas blancas pequeñas. Y es que el blanco tomó ayer las calles del Centro gracias a una hermandad que ansiaba volver a la normalidad, al calor de su iglesia, a la bulla de la calle y al procesionar de verdad.

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