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Cultura

Expulsad al Mesías del paraíso

El autor de la subversiva 'Policeman' nos descubre con esta película diferentes vías para reflexionar sobre la ideología compleja y ambivalente del joven estado de Israel

el 10 nov 2014 / 20:53 h.

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Haganenet**** Sección Oficial. Israel/Francia, 2014. 120 min. Dirección: Nadav Lapid. Intérpretes: Sarit Larry, Avi Shnaidman, Lior Raz, Ester Rada. Por José Serrano Rodríguez the_kindergarten_teacherEn Haganenet una maestra de guardería descubre que uno de sus alumnos de cinco años tiene un talento innato para la poesía. Yoad crea y produce emotivos poemas sin conocer aún muchas palabras. Con este sugerente y estimulante planteamiento el autor de la subversiva Policeman (2012) nos descubre con esta película diferentes vías para reflexionar sobre la ideología compleja y ambivalente del joven estado de Israel, yendo mucho más allá del eterno conflicto que mantiene con el pueblo palestino. En su tesis, para la sociedad israelí actual la poesía como expresión artística es superflua e innecesaria aunque el don expresado por el niño sea capaz de reflejar y transmitir las ideas más sublimes y los pensamientos más complejos. Más aún, que sea capaz de razonar y romper con la lógica e incluso ayude a meditar hasta llegar al absurdo. Pero desgraciadamente esta no posee valor frente a otros géneros como la novela, el teatro o el ensayo, sobre todo por la dificultad que existe para definirla o la misma que impide conocer las fronteras de lo que es o no poético y como no, por su limitada y escasa consideración económica en un mundo tan materialista como este. La poesía es la palabra, conocerla y dominarla consigue dotarnos de libertad para utilizar el lenguaje y si somos libres usando el lenguaje somos libres en la realidad. Esa ambivalencia de la que hablábamos al principio se vuelve a representar en dos universos enfrentados, el materialista, hedonista y cínico de la sociedad capitalista y el subjetivo e interno que posibilita la transformación a través de la poesía. Dos mundos que van más allá de lo filosófico y que terminan por impregnar a una sociedad marcada por una dualidad de dos caras. Una comunidad que no olvida su exilio y el sufrimiento a lo largo de su historia pero que se ocupa de fomentar valores agresivos y excluyentes desde la infancia. Una población que sigue impulsando una cultura de la violencia con la incorporación de jóvenes de ambos sexos al ejército para ejercitar la labor de soldado. Esa división de familias entre sefarditas y asquenazíes que divide más que une y a la que la protagonista hace clara referencia. Para rescatar a este pueblo de tanto sufrimiento Lapid sugiere que llegue el Mesías, un niño de cinco años, puro, libre, aunque ya inmerso en el proceso de contaminación. Es humano ya que posee una cara profundamente inquietante y turbadora; unas veces transmite inocencia y pureza casi angelical y otras veces cierto aire demoniaco. Su comportamiento asombra, su actitud asusta. Un salvador que tiene como arma la palabra y elemento de lucha a la poesía. Representa la esperanza de un pueblo que quiere ganar las batallas presentes y futuras derramando chorros de tinta sin importar el color de estas. Lidera el nuevo modelo de aprendizaje basado en la tolerancia, el respeto y la concordia. Encarna los valores de igualdad, de libertad y solidaridad que se gritan por las calles. Aboga por el pacifismo y el entendimiento de los pueblos en un sistema cada vez más ciego, más sordo y completamente mezquino. Una propuesta diferente, hipnótica y rompedora que produce conocimiento y propone novedosas vías para alcanzar la paz y el entendimiento.

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