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Deportes

Éxtasis del sevillismo con los héroes de Turín

Miles de personas abarrotan el centro de la ciudad y el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán para celebrar el tercer título de la Liga Europa (FOTOS Y VÍDEO).

el 16 may 2014 / 00:58 h.

El autobús del Sevilla FC se abre paso ante la marea humana que abarrotaba la Avenida de la Constitución. Todos querían celebrar el título.  / Kiko Hurtado El autobús del Sevilla FC se abre paso ante la marea humana que abarrotaba la Avenida de la Constitución. Todos querían celebrar el título. / Kiko Hurtado   (FOTOGALERÍA) Día grande para el sevillismo. Una marea roja y blanca se echó literalmente a las calles de Sevilla durante la tarde de ayer para celebrar el título de la Liga Europa logrado a pulso durante nueve meses de competición. Ha sido una competición larga, dura y extremadamente emocionante, fundamentalmente en las últimas eliminatorias y en la gran final de Turín. Toda esa euforia contenida durante tantos partidos estalló en la gran fiesta que celebró la familia sevillista en los lugares más emblemáticos de la ciudad. Alrededor de las seis de la tarde arribó en el aeródromo de San Pablo el avión que traía del norte de Italia al mejor equipo de la competición. Desde ahí, la comitiva se desplazó rápidamente en autobús hasta el Centro de Alto Rendimiento de la Isla de la Cartuja para subir a un barco y entrar triunfalmente en la ciudad por el río Gualdaquivir. En la proa de la nave, el flamante trofeo subía por el meandro fluvial hasta la Torre del Oro. Desde este punto, de la vieja torre de guardia, los jugadores ya pudieron tomarle el pulso de forma directa a la ciudad. La unión entre la plantilla y la afición, como durante buena parte de la temporada, fue tremenda. Un baño de masas en toda regla para ofrecer la copa a la afición. Ésta ha sido una de las grandes artífices de la victoria final y los jugadores son plenamente conscientes de ellos. Sin el apoyo de la grada, en Nervión u otro estadio, hubiera sido imposible que el croata de Pino Montano levantara ayer el trofeo más querido por el sevillismo en el Juventus Stadium. El trofeo de la Liga Europa estuvo junto a la diosa Híspalis. / Raúl Caro (EFE) El trofeo de la Liga Europa estuvo junto a la diosa Híspalis. / Raúl Caro (EFE) Desde la Torre del Oro la comitiva triunfal fue en autobús hasta la Torre del Oro, punto emblemático para el Sevilla. Los jugadores coronaron a la diosa Híspalis con la bufanda y la camiseta del club para deleite de los aficionados. La ciudad era una fiesta y la avenida de la Constitución una alfombra de banderas y bufandas sevillistas que daban paso a la Catedral. Allí, en la seo hispalense, se agradeció a la patrona de la Archidiócesis, la Virgen de los Reyes, el protectorado que con tan buen tino ejerce siempre con el Sevilla Fútbol Club. El arzobispo, Juan José Asenjo, fue el primer en recibir a la comitiva y guiarla hasta la patrona. Tras este punto, la comitiva llegó hasta el Ayuntamiento de Sevilla para volver a reunirse desde el balcón con la marea humana blanca y roja que abarrotaba la Plaza Nueva. Pero antes, en el salón Colón de la Casa Grande, el alcalde hizo de anfitrión y no tuvo reparo alguno en hacer todo lo que le pidieron. Botó, cantó, se puso una bufanda y gritó en honor del Sevilla Fútbol Club. Terminada la oficialidad, los jugadores salieron al balcón que da a la Plaza Nueva –en la de San Francisco ya estaban montando los arcos para el Corpus Christi– y se repitieron para el deleite de todos los cánticos y las palabras de agradecimientos entre unos y otros. Un detalle sí dejó este momento. El público cantaba a Rakitic que no se vaya del Sevilla y el director deportivo, Monchi, le movía la cabeza como diciéndole:«A ver si te enteras Iván». Dentro de poco tiempo, o mucho, sabremos el desenlace de este culebrón. Desde el corazón de la ciudad, todo el equipo partió hacia el barrio de Nervión. La casa de todos los sevillistas esperaba impaciente para recibir a los héroes de Turín y como Castro había pedido, las gradas del estadio presentaban una imagen de partido grande. Estadio lleno para seguir la fiesta bajo la atenta mirada –gran detalle del club– de los cien socios más veteranos de la entidad. Como José Castro había anunciado, había sorpresa, y de las gordas. La flamante Copa de la UEFA bajó de los cielos en helicóptero hasta el mismo centro de la bombonera de Nervión. Castro e Ivan Rakitic la ofrecieron a todos los aficionados y la fiesta continuó hasta bien entrada la madrugada. Ni jugadores ni aficionados querían dejar de disfrutar con el momento mágico que se estaba viviendo en el estadio. Antes de terminar, El Arrebató interpretó una vez más su histórico himno del centenario para gritar de nuevo a los cuatro vientos que este equipo, el Sevilla Fútbol Club, nunca se rinde.

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