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Fabiana y el dr. Valiente

La niña de 11 años intervenida conmueve con una carta de agradecimiento a los que la operaron

el 22 may 2014 / 22:25 h.

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El jefe de la Unidad de Ortopedia Infantil y responsable del equipo médico de la operación, David Farrington, explica detalles de la intervención. Foto: EFE El jefe de la Unidad de Ortopedia Infantil y responsable del equipo médico de la operación, David Farrington, explica detalles de la intervención. Foto: EFE Fabiana no estaba en el acto. Normal. No es bueno que una niña, a su edad, con solo 11 años esté en medio de una nube de cámaras de televisión y flashes. Pero su espíritu y sus sueños sí estaban grabados a golpe de teclado y ratón de ordenador en el papel que portaba su madre, Pilar Reyes. Nadie lo sabía –ni siquiera los profesionales del Virgen del Rocío–, pero cuando la consejera le concedió el turno de palabra a los padres, estos apenas titubearon. Cumplieron el dictamen de su hija. «No vamos a hablar nosotros, sino mi hija, que cuando se ha enterado de que veníamos a Sevilla por este motivo, nos ha escrito una carta», indicó para, seguidamente, ponerse a leer la misiva, que arranca con un hola con exclamaciones de júbilo. Su carta rezuma madurez. Pese a su corta edad y los sufrimientos que ha padecido, como el hecho, descrito en su carta, de llevar durante 17 meses, 23 horas al día «salvo para ducharse», el corsé para su maltrecha columna, esta joven natural de Jerez de la Frontera arrancó alegre por la celebración de un acto «por el que los papás de muchos niños con escoliosis podrán conocer que existe una solución distinta al corsé ortopédico y a la cirugía tradicional». Describió un calvario que, según indicó, vio desaparecer en el mes de febrero, momento en el que el doctor Farrington le quitaba el corsé. «Yo sentí alivio y me puse contenta. Sin embargo, mis padres no sonrieron, al contrario, los veía preocupados», relata. Normal, porque tuvieron que tomar la difícil decisión de optar por una terapia que no se había practicado antes en Europa y de la que contaba con pocos casos para analiza. Antes de decidirse, de hecho, los padres consultaron, obviamente, con los profesionales del Virgen del Rocío, que «lo plantearon bien clarito y en tres folios». Pero lo que verdaderamente les movió a dar el paso fue la consulta con familiares de EEUU, que les relataron su experiencia con sus hijos.Eso y que Pilar ya había pasado por una intervención reciente. El año pasado, fue operada de escoliosis en un hospital de Madrid, pero por la técnica tradicional. «Ese precio no quería que lo pagara mi hija», reivindicó Pilar. Ese convencimiento de la madre lo tenía interiorizado su hija desde el primer momento. «Era necesario que yo fuese a quirófano para corregir mi desviación y, para colmo, ellos tenían que decidir entre la técnica tradicional que fijaría parte de mi columna, o bien, otra nueva que no me limitaría el movimiento», expresó. Por este motivo, en esta carta de agradecimiento, los primeros en la lista de Fabiana fueron sus padre por «haber tenido la paciente conmigo cuando llevaba el corsé y por haber elegido la técnica nueva que me ha hecho tanto bien». Ahí, en este punto de la carta, ya afloraba las primeras lágrimas tanto de profesionales sanitarios como de personal de la Consejería de Igualdad, Salud yPolíticas Sociales, también presentes. Pero las felicitaciones fueron en tropel. De David Farrington resaltó «el cariño» con el que la trató en todo momento y por «ser valiente operando la primera vez en España». «Mis padres dicen que es un tesoro humano y profesional para todo niño que pase por sus manos». Tras el jefe de operaciones, Fabiana agradeció el trabajo de los otros 14 profesionales que trabajaron en el quirófano. «Sólo no hubiese podido», relata la carta. Tampoco faltó mención expresa, rebosante de gratitud, del personal de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y de los profesionales de la planta de Cirugía. Ahí los citó sus nombres, ya que fue con ellos

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Con los que pasó más tiempo. «Recuerdo con especial cariño a mi enfermera Carmen, al profesor José y a la auxiliar Sefefilla, que me lavó el pelo en la cama sin mojar nada la sábana», remarca en la misiva, que termina con un deseo de que «Dios me ayude para que el tirante siga corrigiendo mi columna». Fabiana ya está, en todo caso, en otra onda. La intervención le ha dado alas y el hecho de haber salido por su propio pie sin apenas dolencias –en su recuperación quirúrgica, apenas ha tocado el Ibuprofeno– le hace aventurarse y soñar con dar pasos de gigantes. Como el que le trasladó a los padres, que hicieron ayer público: irse de excursión a Santander con el colegio. Para ello, requiere de un doble permiso: sus padre y su médico de cabecera, que le irá revisando hasta los 16 años. Los padres cedieron toda la responsabilidad al doctor, que, en un tono más que dubitativo, parece que dará su brazo a torcer «con sufrimiento de mis coronarias». «Nosotros estamos más asustados que Fabiana», relataba Farrington, que sí constata que la evolución es inmejorable. Tanto que le auguró un futuro de «una niña absolutamente normal». La menor «está feliz», al mismo ritmo escolar de sus compañeros de clase –no perdió la onda porque, durante su baja, siguió estudiando– y no siente los tornillos ni el tensor que le han colocado en la columna vertebral. Sólo tiene un dolor «muy leve» que no le afecta a su vida diaria, según comentan los padres.

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