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Fable III, en la cepa de la revolución

el 28 oct 2010 / 17:38 h.

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Medio siglo desde los eventos de Fable II. Albión ha iniciado su progreso hacia la industrialización británica del XIX bajo la hegemonía del rey Logan, un monarca déspota y corrupto que gobierna con mano firme y dura. El pueblo, harto de la tiranía real, comienza a agitarse, echándose a la calle para reivindicar la dignidad de sus derechos y protestar contra la política que rige el continente. Las decisiones en el palacio no tardan en tener consecuencias sobre un pueblo que empieza a despertar de su continuo hostigamiento real. Una irrupción infantil mientras se determina una sentencia contra los alborotadores, lleva al personaje principal a verse de buenas a primeras en una situación donde debe tomar una decisión con graves consecuencias en el transcurso del juego.

Logan obliga al príncipe, su hermano y protagonista, a dictar una injusta y severa sentencia que consiste en tomar la primera y más dura decisión de las que está llena el juego. Ejecutar a los cabecillas de la revuelta o a su amiga del alma. Difícil elección.

Este será el punto de inflexión en el que se cimenta la cepa de la revuelta que intentará liderar el protagonista, que abandona los muros del castillo para adentrarse en una fabulosa aventura.

El título ofrece la posibilidad de actuar como príncipe o como princesa de Albión, en otro claro guiño para seguir abriendo mercado y llegar así a los más jugadores posibles, ya sean masculinos o femeninos. Es conveniente abrir dos perfiles si se tiene la consola para jugar con ambos.

Tomando la personalidad del príncipe y acompañado en la aventura por el consejero Sir Walter Beck y el mayordomo Jasper, (doblado al castellano por Carlos Latre) ,el jugador tendrá que forjarse un perfil de líder revolucionario en las aldeas que constituyen el continente de Albión. Interactuar con los habitantes y ganarse su apoyo para ir ganando confianza, son la base de la una primera parte del juego que es llevado visualmente con mucho mimo para hacer menos pesado el componente de rol que lleva encima. Misiones, combates e interactuación conviven con un toque de humor inglés para llegar a una segunda mitad donde realmente se aprecia la grandiosidad de este juego.

Una vez derrocado el rey, Fable III ofrece la posibilidad de construir dentro del guión preestablecido en los parámetros del juego una historia a gusto del consumidor. El jugador tendrá que tomar las primeras decisiones políticas optando por acatar el programa de promesas hechas al pueblo durante su primer periplo, o en su defecto, tomar medidas antipopulares que harán perder o ganar súbditos a la causa. La carga de responsabilidad cada vez será más grande sin saber a veces si lo que se elige será lo más correcto dentro de la historia (bueno y malo). Todo gira en torno a las decisiones. Si se elige una acción negativa contra el pueblo, el aspecto del monarca será cada vez menos saludable y las comarcas de Albión, irán perdiendo toda su frescura visual.

Todo un derroche de gráficos en continua evolución gracias al excelente desarrollo de la empresa británica Lionhead, que ha encontrado una base sólida en anteriores Fable para asentar unos cimientos en un juego que es distinto al resto en este género.

Accesibilidad fácil y elegancia visual por bandera, el jugador se adentra en una exploración que ofrece la posibilidad de forjarse, liderar y ser un buen administrador de la sociedad civil en un intento de construir una historia como a uno más le apetezca, sin ninguna cortapisa. Un título válido para todo tipo de jugador, ya sea casual o experimentado, en el que los retos, acciones y combates están hechos con una medida estándar de intensidad.

Peter Molyneux, creador de esta franquicia, ha ido depurando cada vez más su propia técnica en el desarrollo de los juegos de rol y ha creado un estilo propio occidental menos tosco y engorroso que los que provienen normalmente de Oriente.

Memorable la introducción de la metáfora de la gallina. Un cortometraje de Oscar.

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