Cultura

Fandiño fue el que lo tuvo más cerca

La Feria de San Miguel se abrió con un desigual encierro de José Luis Pereda que lidió tres ejemplares con posibilidades.

el 23 sep 2011 / 19:54 h.

Iván Fandiño en la faena con la muleta a su segundo toro en la primera corrida de la Feria de San Miguel.

El cartel se había hecho esperar pero había despertado ilusiones desde que Radio Macuto lo filtró en la yema del verano. Reunía a dos toreros en plena e ilusionante eclosión y premiaba al joven diestro camero Esaú Fernández, que tomó la alternativa triunfando con inusual desparpajo. Y la verdad es que, al final, cada uno de los toreros tuvo en su mano un toro con posibilidades que aprovecharon en función de la suerte y las circunstancias.
En el caso de Fandiño, cuajando la faena más compacta y revelando nuevos registros que han elevado su techo. El diestro vasco no había tenido demasiadas opciones con el toro que rompió plaza, un animal que se paró demasiado pronto y con el que Fandiño sólo pudo mostrar actitud y enseñar algunas de las claves de su caro concepto.

El torero se entregó de verdad pero el bicho no andaba, acabó a la defensiva y así no había ninguna manera.
Afortunadamente pudo desquitarse casi por completo con el inmenso castaño que salió en cuarto lugar. No humilló demasiado en los primeros compases de su lidia pero Fandiño tenía muy claro su firme planteamiento y consiguió hacerlo romper en un trasteo de creciente acople e intensidad y de trazo cada vez más comprometido, dicho muy hacia adentro con una personal hondura que puso a todo el mundo de acuerdo. El torero se entregó a tope y alargó el metraje de la faena sin importarle los cabezazos del toro de Pereda, al que también acabó toreando con la mano izquierda. Se ajustó a tope en las bernardinas finales, que quizá sobraron, y además la espada sólo entró al segundo viaje enfriando los entusiasmos de un público que se guardó los pañuelos. Pero la faena era de oreja.

David Mora, que debutaba en Sevilla, también tuvo en sus manos uno de los tres pupilos potables del envío de Pereda. Fue el segundo, un toro que le permitió expresarse con el capote y que brindaba mejores cosas por el pitón derecho. Pero el madrileño se empeñó en apurar las escasas posibilidades que le brindaba el animal por el lado izquierdo, pitón mucho más peligroso y por el que se acostaba siempre. ¿Por qué no aprovechó más y mejor el pitón derecho? Por ese lado se entregaba con mayor emotividad, humillando en los engaños. Por ahí surgieron los mejores muletazos, hondos y hasta desgarrados, pero a la faena le faltó la definitiva redondez para marcar diferencias.

El quinto, un caballón de horrendas hechuras, sí le permitió revelarse como un gran intérprete del toreo a la verónica. David Mora se meció en el recibo capotero y cerró esos lances de seda con una media sabrosa que encandiló a la parroquia. Después no hubo mucho más que rascar: Mora lo intentó pero la mansedumbre le pudo a la nobleza del bicho, que nunca quiso coles con la muleta del madrileño, que lo echó abajo de un espectacular espadazo. Hay que verle más.

Y como el reparto había sido equitativo para todos, Esaú también sorteó un enemigo, el sexto, que le habría permitido cambiar el signo de la tarde. El joven diestro camero se entregó en todos los lances de la lidia, se fue a porta gayola en sus dos toros y se mantuvo ilusionado a pesar de que el tercero en discordia fue un animal rajadito y corto de viajes que siempre echó el freno en todos los embroques. Por el pitón izquierdo ni siquiera pasaba y aunque Esaú escenificó un infructuoso arrimón había muy poca agua que sacar del pozo.

La verdadera oportunidad, ya lo hemos dicho, llegó con ese sexto que enseñó alguna cosita buena desplazándose con largura en los capotes de la cuadrilla. La faena comenzó con pases cambiados por la espalda resueltos con ajuste de milímetros pero había que templarse y acoplarse a la bondad de una embestida que tenía esa importancia, tan en Núñez, por el lado derecho. Esaú lo fue viendo poco a poco pero cuando parecía que la faena iba a estallar definitivamente el camero se echó la muleta a la mano izquierda y se desmoronó la tensión argumental. Lo había tenido muy cerca, casi en la mano, pero esta vez no pudo ser.

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado: Se lidiaron seis toros de José Luis Pereda, muy bien presentados. Hubo tres que sirvieron: el segundo, por el pitón derecho; el cuarto, que acabó entregándose en la muleta y el sexto, con una rajada pero importante embestida por el lado diestro. Los otros tres fueron más aplomados y deslucidos.

Toreros: Iván Fandiño, de Quinta Angustia y oro, silencio y ovación tras aviso. David Mora, de rosa y oro, gran ovación y algunas palmas. Esaú Fernández, de blanco y oro, ovación y ovación.

Incidencias: La plaza registró algo más de media entrada en una tarde en la que molestó el viento a los actuantes. David Mora debutaba como matador en la plaza de la Maestranza.

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