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Farolillos para ocultar las rejas

La cárcel de Sevilla instala por cuarto año consecutivo una caseta de Feria en su patio para el disfrute de los internos.

el 14 abr 2010 / 20:18 h.

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Antonio Trujillo suda ante los fuegos de leña con los que cocina tres paellas, papas con chocos, guiso de ternera y fritura de pescado para 300 personas que ya disfrutan de gazpacho, pimientos fritos y bebidas junto a una caseta con las lonas verdiblancas. De fondo se oyen sevillanas, y al lado bailan mujeres vestidas de flamenca. Era el aspecto que tenía ayer el patio de la cárcel de Sevilla, donde por cuarto año consecutivo se ha instalado una caseta de Feria para acercar la fiesta a unos reclusos que pocas ocasiones tienen de divertirse. Antonio, cocinero de profesión, lleva 27 meses en prisión, disfruta ya de permisos y ayudar en la cocina se lo facilita, aparte de conseguirle amigos, a la vista de cómo le quedan los guisos. Lo apoyan en sus labores culinarias varios compañeros del módulo de respeto, llamado así porque los internos tienen más libertad para organizar sus jornadas, a cambio de estrictas normas de convivencia. 

Disfrutan también de sus platos algunos invitados externos a esta Feria, como el dramaturgo Salvador Távora -que jalea a los internos diciéndoles que el cuerpo puede estar preso, pero que la imaginación sigue siendo fuente de libertad-; el portero y el entrenador del Balonmano Ciudad Real y otros colaboradores habituales de la prisión, como el dueño de la cervecería La Fresquita, en Mateos Gago, que en Semana Santa invitó a un grupo de internos a unas cañas.

Algo agridulce, en cambio, ve esta Feria Mari Ángeles, que lleva dos años en prisión, el ecuador de su condena por drogas. Tiene una hija de cuatro años, y aunque la visita en prisión, "lo que se pierde mientras estás aquí no se recupera", lamenta, vestida de flamenca. Los trajes se hicieron en años anteriores en el taller de costura, y este año la guinda la pone el de peluquería, con los moños que llevan flamencas como Encarnación Benítez, de Dos Hermanas, la primera que arranca a bailar. A su lado, la rumana Verónica Moladoveanu viste falda rociera rosa y flor en el pelo, pero no sabe bailar sevillanas: "no me entra el flamenco", confiesa. De los cuatro años que lleva en España, los tres que estuvo en libertad visitó la Feria de Sevilla. Ahora, la Pastoral Penitenciaria y la prisión les acercan, al menos por un día, esta fiesta por sevillanas a la que, a lo largo de esta semana, asistirán todos los internos de la cárcel sevillana.

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