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Fe y esperanza para no morir de ausencia

"Éstos son los que buscan al Señor", decía el salmo repetido por voces cargadas de llanto, roncas, cansadas de esperar. Son los que buscan al Señor y los que buscan a Marta del Castillo Casanueva sin descanso, sin aliento, sin desánimo. El cardenal oficia una misa en la que pide paciencia a la familia.

el 15 sep 2009 / 21:55 h.

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"Éstos son los que buscan al Señor", decía el salmo repetido por voces cargadas de llanto, roncas, cansadas de esperar. Son los que buscan al Señor y los que buscan a Marta del Castillo Casanueva sin descanso, sin aliento, sin desánimo. Sin ellos, sin esos amigos y vecinos llorosos pero fuertes, la escena de ayer en la misa en su regreso hubiera sido de derrota, la imagen de una familia inmersa en una pesadilla interminable, ausente, hundida, que a duras penas escuchaba al cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo. Había que agarrarse a algo, y la palabra no era mal consuelo.

La cita era a las cinco de la tarde, pero desde las cuatro la parroquia de San José Obrero, en el barrio de Tartessos, donde vivía Marta, comenzó a recibir flores blancas, riadas de adolescentes, puñados de vecinas compungidas. La maraña de medios de comunicación agolpados en la puerta se tragó pronto al abuelo materno, José Antonio, que reconocía que el paso de las horas sin noticias de la menor los tenía "destrozados". "Nos venimos abajo, es normal.

Mi hija está muy tocada, una zombi parece, pero la fe es lo último que se pierde", añadía. La fe. Eso faltaba en los ojos del padre de Marta, Antonio, que dejó a su esposa en casa, rota, y se enfrentó casi solo al consuelo de la masa. Estoico soportó en primera fila una misa corta y muy emotiva, hecha desde la duda y los buenos sentimientos.

A él abrazó el cardenal antes y después del oficio, en un gesto breve y cómplice. Pero ni aún así encontraba consuelo. No murmuraba oraciones, si susurraba agradecimientos. Su rostro era una máscara doliente, unos ojos inundados de lágrimas, la mente en otra parte. Mientras la iglesia entera se deseaba la paz, abrió al fin la boca. "No puedo más", se leyó en sus labios. Pero siguió firme, pese a todo.

firmeza. Difícil es la lucha, pero el cardenal le animó a pelear pese al dolor. Al evangelio de San Marcos se encomendó Amigo Vallejo para recordar a María y José, que durante tres días con sus noches sufrieron la ausencia de su hijo Jesús, desaparecido en el templo. Ellos, con fe, soportaron la ausencia y salieron victoriosos. También se abrazó a San Pablo para lanzar consejos a la familia: uno, que sean "firmes en la tribulación", que el dolor no los derrumbe, porque "es fruto del amor a una hija y eso debe mantener a la familia fuerte y dispuesta a luchar lo imposible"; y dos, que sean "constantes en la oración". "Así Dios comprenderá vuestras súplicas", dijo.

Emocionada sonó la voz de Amigo cuando invocó a María para que no se olvide de su hija, para que "nos ayude a encontrarla". A una madre le hablaba, a la misma que, dice la biblia, tuvo que sufrir también la ausencia del hijo. Esperanza, fortaleza y fe para tener consuelo, repetía mirando al padre y al abuelo de Marta. Sólo el segundo parecía algo permeable a sus palabras.

Dicen los vecinos de la zona que Marta es muy creyente, que es del Gran Poder y del Cachorro, que tiene una fe serena y alegre, como toda su familia. Quizá por eso, porque creen, el cariño del cardenal y del barrio insufló algo de aliento a sus corazones desfallecidos. Quizá. Sólo el regreso de Marta podrá concederles la paz.

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