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Fernando el de Triana en su chiringuito de Coria del Río


el 19 may 2011 / 21:10 h.

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Fernando aparece al fondo tocando la guitarra junto a su esposa, Paca la Coja.
No hace muchos días publicábamos en La Gazapera el verdadero lugar de nacimiento de Fernando el de Triana, al que llamaban Decano del Cante Andaluz. Fernando Rodríguez Gómez, que así se llamaba el artista, recibió su primer beso de luz en la calle Pozo de Sevilla, en San Luis, en 1867. Luego vivió en el número 150 de la calle Feria, en el barrio del mismo nombre, donde en 1869 nació su hermano Manuel, que murió pronto.


Pero al ser de madre trianera, al poco tiempo ya se avecindó en la calle Verbena de Triana para más adelante irse a la emblemática calle Pureza, desde donde comenzó a hacer sus salidas por el país para ejercer su profesión de cantaor una vez realizado el servicio militar. Pero Fernando no vivió siempre del cante, que en aquellos tiempos no era algo fácil. Sólo unos cuantos lograron vivir del arte de lo jondo.


Fernando llegó a tener incluso un restaurante en la ciudad marroquí de Nador, donde había muchos andaluces. Y cuando se le fue el cante por el inevitable paso de los años, se afincó en la localidad sevillana de Coria del Río, donde montó un chiringuito especializado en manzanilla de Sanlúcar y albures fritos o al carbón.
Montó este chiringuito en El Carrascalejo, en la misma orilla del Guadalquivir, como pueden ver en la fotografía. Fernando y su mujer, Paca la Coja, se encargaban de hacer traer la manzanilla desde Sanlúcar en barriles empapados en agua para que no se echara a perder. Muchas veces eran los propios pescadores de Coria quienes se la traían y al reclamo del prodigioso caldo sanluqueño acudían algunos cantaores, amigos de Fernando, como fueron Manuel Torre y su hermano Pepe, el Niño Gloria, Mazaco o Currito el de la Geroma. Fernando cogía su vieja guitarra y acompañaba a estos cantaores en las fiestas. Sin embargo, el negocio fue ruinoso y El Decano acabó montando una tabernita en otra localidad sevillana, Camas.


Esta taberna se llamó La Sonanta y Fernando la tenía decorada con viejos carteles y fotografías, con los recuerdos de toda una vida. Aunque el artista murió en 1940 y La Sonanta se cerró, en 1991 tuve la gran suerte de poder entrar en la casa del cantaor y ver dónde tuvo la taberna.


Se pueden imaginar la emoción que sentí cuando pensé en los ratos de cante que se echarían en aquella casa, por la que pasaron muchos artistas y un día apareció el escritor Walter Starkie para entrevistar a Fernando, entrevista que publicó luego en su obra Don Gitano. ¡Pobre Fernando! Cuando publicó su libro, Arte y artistas flamencos, en 1935, su mujer iba vendiéndolos por las calles de Camas con una espuerta de esparto. La mayoría de estos libros se quedaron en Camas y Coria del Río.


La obra no lo sacó de la miseria, pero alivió un poco el hambre de la Guerra Civil de 1936. Esta mañana lluviosa y plomiza he sentido la imperiosa necesidad de recordar a este hombre que se inventó un padre gitano y herrero de Triana para que el gitanista Starkie le diera más importancia. Mirando esta fotografía de Fernando y su esposa podemos imaginarnos cómo estaría de buena la manzanilla que vendía en el chiringuito de Coria.

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