domingo, 16 diciembre 2018
22:05
, última actualización

Fervor romero a la Patrona de Burguillos

Burguillos dedica el primer domingo de octubre a la romería en honor de la Virgen del Rosario, fiesta instaurada en el año 1941.

Sobre estas líneas, el momento más emotivo de la romería: el encuentro de la Virgen del Rosario, el simpecado y los romeros después de una larga jornada.  / Fotos: F.J. Domínguez Sobre estas líneas, el momento más emotivo de la romería: el encuentro de la Virgen del Rosario, el simpecado y los romeros después de una larga jornada. / Fotos: F.J. Domínguez El primer domingo de octubre suena a Rosario en Burguillos. El pueblo ya fue bendecido por duplicado hace dos días, en la doble procesión de la Virgen, pero continúan sus fiestas. Desde temprano en las casas y en las calles se vivió ayer el ajetreo de los últimos preparativos. Los cohetes estallaban en un cielo despejado en el que el sol se aceleraba por salir a recibir a los romeros. Burguillos celebraba así su romería en honor de la Virgen del Rosario Coronada, que este año cumple su edición número 73. La diana del tamboril y la Banda de Música de las Nieves de Olivares fueron recogiendo a los vecinos en un pasacalles que finalizaba a las puertas de la misma parroquia. La blanca carreta estaba esperando al Simpecado, que entre vivas y sevillanas fue colocado en el templete. Caballistas, flamencas y romeros acompañaron a la carreta en su camino hacia la ermita. Muchos visitantes de otras localidades se unieron al cortejo, como Rosario Cantos, de Castilblanco, que junto con sus amigas llegó bien temprano para disfrutar de este día festivo. Apenas un par de horas de camino separaban el pueblo de La Madroña. El sacerdote Juan Carlos Pérez Godoy predicó la misa de romeros, tras la cual comenzó la fiesta en el privilegiado entorno natural. Cada grupo de amigos, cada familia, busca la sombra de un árbol para comer y beber. Es una fiesta a la que todos están invitado y donde se acoge a los visitantes sin distinción. «No faltan las atenciones a la gente que se acerca a nosotros, aquí se demuestra la hospitalidad de la gente de Burguillos», explicó el hermano mayor, Antonio Fernández. El cortejo que acompañó a la carreta con el simpecado desde primera hora de la mañana, donde no faltaron caballistas ni  mujeres con sus trajes de flamenca.  / Fotos: F.J. Domínguez El cortejo que acompañó a la carreta con el simpecado desde primera hora de la mañana, donde no faltaron caballistas ni mujeres con sus trajes de flamenca. / Fotos: F.J. Domínguez A media tarde, mientras muchos entonaban una tras otras sevillanas en honor de la Virgen del Rosario, otros empiezaban a preparar la vuelta. El camino se inició a las 17:00 horas, pero hay quien vuelve antes al pueblo. A las 18:00 horas salía la Virgen en procesión, y el deseo de acompañar a la imagen está antes que la fiesta. De hecho, muchas personas se quedaron en sus casas y no fueron a la romería aguardando la salida de la patrona. A las 19.30 horas llegó uno de los momentos más esperados. Los romeros hicieron su entrada en el pueblo, mientras la Virgen acudía a su encuentro acompañada por la Banda de la Cruz Roja de Sevilla. En el Puente estalló el júbilo cuando Virgen, simpecado y romeros se encontraron frente a frente. El gentío que se congregó en la zona aplaudía y lanzaba vivas, bajo una lluvia de pétalos y con sones de la marcha Rocío continuados por el himno nacional. «Es a partir del encuentro cuando empezamos a disfrutar plenamente del domingo de romería», apunta el prioste, David Borrego. La procesión continuó con la carreta seguida por la Virgen en su paso, arropada por cientos de personas que mezclan atuendos romeros con trajes de gala, en una conjunción perfecta de fervor hacia la imagen. En la plaza del ayuntamiento todos los romeros desfilaron ante la Virgen rindiéndole honores. Seguidamente, se reanudaba la procesión con el simpecado ya portado por un miembro de la hermandad, seguido por la Virgen entre un gentío enorme que apenas deja avanzar al paso. La calle Real dilató sus límites para acoger a la masa humana que acompañaba a la imagen hasta su templo. Justo antes de la entrada se produjo el último momento de interés de la jornada. Los hermanos y devotos pujaban por tener el privilegio de portar la vara dorada del hermano mayor y ser así quien, alzándola, recogiera a la Virgen hasta el próximo año. Las lágrimas de despedida se empapaban con las últimas plegarias, que imploran sobre todo salud para acompañar el año que viene de nuevo a la Virgen.

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