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Deportes

Fiesta más que redonda

La pareja formada por Rubén Castro y Molina brindaron a Pepe Mel la mejor bienvenida posible en su regreso a casa. La grada vibró y disfrutó con su equipo.

el 11 ene 2015 / 11:33 h.

Real Betis - Tenerife. / Foto: Manuel Gómez Real Betis - Tenerife. / Foto: Manuel Gómez La noche se iba cerrando en Sevilla al ritmo que el Benito Villamarín se llenaba para recibir a Pepe Mel cuatro años y medio después. Era su noche y él lo sabía. Era consciente de que no podía fallarle a esa afición que tanto le aprecia, tal y como le volvió a demostrar ayer. El técnico madrileño llegó al estadio entre vítores y aplausos, el campo estalló cuando la megafonía dijo su nombre y desde Gol Sur le dedicaron las palabras que faltaban: “Bienvenido a casa, míster”. Pero con eso no estaba todo dicho. Entre los asistentes (30. 054 espectadores) se notaba cierto ambiente especial. Ese gusanillo que tiene la gente cuando de partidos importantes se trata. Y lo era porque esta es la jornada 20, porque el Girona había empatado, porque Pepe Mel volvía a su casa y porque los seguidores heliopolitanos querían volver a ver a su equipo ganar para que cada vez esté más cerca del lugar que se merece, del ansiado ascenso a Primera División. Para ello, el conjunto verdiblanco contó con ayuda divina. Ésta siempre está, pero no en todos los encuentros se siente tan cerca. Y es que el enfrentamiento comenzó con un respetuoso minuto de silencio en memoria, entre otros, del socio número uno y dos de la entidad, que han fallecido recientemente (Ángel Martín y Francisco Chimeno). Además del Padre Sarmiento (el cura del Betis) y todos esos béticos que guían a su equipo desde el cuarto anillo de un Villamarín que disfrutó. En la primera mitad, todo fue alegría. A los aficionados lea valió con la emoción de volver a ver a los suyos, con esas pequeñas dosis de tímidos acercamientos que les regalaron y, sobre todo, con esos destellos de magia y clase que iba dejando un Dani Ceballos que fue uno de los grandes ovacionados de la noche. En el minuto 26 retumbó el nombre de otro bético que anima desde otro lugar. Miki Roqué hizo su habitual aparición para que después la grada cantara por primera vez el “Pepe Mel, Pepe Mel, Pepe Mel”. A pesar de ello, la gran alegría llegó gracias a un penalti provocado por Jorge Molina y transformado por Rubén Castro. El éxtasis aparecía justo antes del descanso y todos pudieron comerse el típico bocadillo de esos 15 minutos de relax que hay a la mitad de cada choque. En las gradas había caras sonrientes y de ilusión, aunque no duraron mucho, ya que nada más reanudarse el duelo el conjunto verdiblanco no era el mismo y un error en cadena provocó el empate del Tenerife. El público se enfadó y el cuadro bético reaccionó y le devolvió a su afición esas ganas infinitas de animar cada segundo con dos goles más. Otro del delantero canario y uno de Jorge Molina. Esa pareja de arietes que tan clave fue en el último ascenso y que ayer, al igual que el que los trajo a Heliópolis, disfrutaron con sus tantos e hicieron disfrutar al beticismo. Y ya todo era una fiesta y un motivo para celebrar. Cualquier acción que se vislumbraba en el terreno de juego era aplaudida, el campo entero no paraba de cantar y por escuchar se escucharon hasta unos tímidos olés. Con el pitido final, el festejo fue definitivo. El Betis de Pepe Mel había ganado y, por lo tanto, sumado tres nuevos puntos que hicieron que los seguidores béticos abandonaran las gradas felices, entonando el himno del centenario e ilusionados por el nuevo futuro que parece vislumbrarse. En las conversaciones finales se intuía el entusiasmo de la victoria y de la recuperación de la dupla Rubén Castro y Jorge Molina.

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