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Financiación y tiempo muerto

El encaje de bolillos debería ser disciplina olímpica, si se tiene en cuenta el debate sobre modelos de financiación autonómica abierto desde hace mucho pero escenificado esta semana la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Allí, a la hora de ponderar las distintas variables, cada comunidad arrimaba el ascua a su sardina...

el 15 sep 2009 / 08:43 h.

El encaje de bolillos debería ser disciplina olímpica, si se tiene en cuenta el debate sobre modelos de financiación autonómica abierto desde hace mucho pero escenificado esta semana la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Allí, a la hora de ponderar las distintas variables, cada comunidad arrimaba el ascua a su sardina: Cataluña al Producto Interior Bruto, Castilla-La Mancha cargó las tintas en su extensión territorial, Euskadi y Navarra por sus derechos forales, las islas por su distancia y Andalucía por su población.

Encajar ese rompecabezas tiene mucho más merito que ganar una partida de Tetris y, desde luego, estamos ante una nueva encrucijada histórica cuyo desenlace no sólo puede ser visto con los ojos de la actualidad sino con los ojos del futuro. Esto es, si alguien tiene algo que decir, que lo haga ahora o si no que calle para siempre. La postura de la Junta de Andalucía, al respecto, ha sido la de pedir una prórroga, quizá siguiendo el ejemplo de muchos ciudadanos ante la escalada del euribor respecto a su hipoteca. Ante el órdago catalán, apostaría a que el consejero de Economía y Hacienda, José Antonio Griñán, ha defendido la propuesta de Pedro Solbes no porque sea buena sino porque, como en tantas otras cosas, parece la menos pésima.

Y, al menos sobre el papel, permite un cierto tiempo muerto, frente a la bilateralidad en las relaciones que reclama Cataluña haciendo valer su flamante Estatuto y su destacada posición en las balanzas fiscales de este país, que se siguen leyendo de una manera sesgada, sin atender al hecho de que ocho de las diecisiete comunidades autónomas reciben del Estado mucho más que otras.

El Consejo pasó de puntillas sobre el fondo de suficiencia y el de compensación interterritorial, y Andalucía no puso encima de la mesa esa bonita cuestión de la deuda histórica, contemplada en nuestro nuevo Estatuto pero eternamente aplazada. Al menos, esta tierra se sitúa en el pelotón de cabeza respecto a financiación adicional, eso sí, después de La Rioja y de Cataluña, en términos porcentuales, aunque en simple ingreso en caja se sitúe en primer lugar por aquello de su población.

Lo que no resulta de recibo es el trágala de reducir la transferencia de los fondos de la Ley de Dependencia, cuando ya de por si son exiguos. Con esa medida, los socialistas, sean andaluces, madrileños o de Cornellá, estarán echando tierra encima de la principal conquista social en la primera legislatura de Zapatero. Y tampoco demuestra un gran valor taurino el hecho de que haya sido inicialmente devuelto a los corrales el toro de la financiación local, que necesita una solución urgente, justa y necesaria: el estado de las arcas de los ayuntamientos puede llevar a más de un alcalde a vender pañuelos de papel en los semáforos para poder pagar la nómina.

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