Local

Finanzas locales

Muchos opinan que la etapa de bonanza económica de los últimos diez años ha servido para la reinvención, en varios sentidos, de las fuentes de financiación de las Corporaciones locales (y, al mismo tiempo, de las de sus dirigentes).

el 15 sep 2009 / 06:35 h.

Muchos opinan que la etapa de bonanza económica de los últimos diez años ha servido para la reinvención, en varios sentidos, de las fuentes de financiación de las Corporaciones locales (y, al mismo tiempo, de las de sus dirigentes).

En este proceso, especialmente las áreas de Urbanismo de los ayuntamientos han terminado marcadas por una leyenda urbana que las identifica como potentes generadoras a la par de ingresos y corruptelas, quedando su función teórica, el desarrollo y la ordenación racional de la ciudad, sepultada sobre todo bajo el ruido de los numerosísimos escándalos ligados a comisiones y tratos de favor.

Queremos hoy, apartándonos de la sección Nacional y Sucesos, preguntarnos por la ligazón más palpable entre la hacienda local y la ordenación del urbanismo. En primer lugar, digamos que es cierto que los ingresos derivados del urbanismo han venido constituyendo en los últimos tiempos una importante fuente de financiación, pero no lo es menos que en ella que han confluido fundamentalmente dos factores.

Por un lado, el desarrollo de un boom inmobiliario que generó durante mucho tiempo importantes rentas privadas y contribuyó de modo notable a la obtención de las altas tasas de crecimiento de las que se benefició nuestro país.

Pero esta lluvia de prosperidad ha provocado inundaciones en gran medida porque ha incidido sobre un sistema de financiación local con claros síntomas de agotamiento. En concreto, su funcionamiento descansa en una serie de figuras tributarias altamente impopulares (especialmente los obligatorios: IBI, e Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica), debido a que incorporan características de completa perceptibilidad a ojos de los contribuyentes-votantes y de falta de flexibilidad, que obliga a las corporaciones a adoptar decisiones políticas de elevación de tipos cada vez que se incrementan las necesidades de gasto.

Este primer diagnóstico del problema debe completarse con datos, con una cuantificación que puede ser bastante instructiva, pero para la que no tenemos espacio aquí. En todo caso, los ingresos municipales derivados del urbanismo pueden caber en dos grandes grupos: aquellos cuya obtención aparece íntimamente ligada a la aplicación de la normativa urbanística por una parte (Patrimonio Municipal del Suelo y convenios urbanísticos) y los de naturaleza tributaria relacionados con el urbanismo y la actividad inmobiliaria general (IBI, Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana e Impuesto sobre Construcciones Instalaciones y Obras).

Por hablar de su evolución agregada, los recursos totales vinculados a esta actividad han pasado de ser un 22,8% de los ingresos no financieros de los ayuntamientos a casi un 33% en 2005.

Como digo, un mayor desmenuzamiento de estos datos nos debería permitir afinar cómo los dos factores mencionados (boom económico y agotamiento del modelo de financiación) han interactuado para provocar que la política urbanística se haya destapado como una fuente extraordinaria de ingresos, postergando su finalidad principal, más arriba comentada.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

  • 1