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Cultura

Focus compra un Velázquez para Sevilla por 12 millones

La compra del cuadro Santa Rufina de Velázquez en 2007 no fue más que el principio de un glorioso camino emprendido por Focus para reencontrar a Sevilla con su más valioso patrimonio artístico. Así lo confirma ahora una Inmaculada realizada por el genio sevillano, adquirida por Abengoa por 12 millones de euros.

el 15 sep 2009 / 22:25 h.

La compra del cuadro Santa Rufina de Velázquez en 2007 no fue más que el principio de un glorioso camino emprendido por Focus para reencontrar a Sevilla con su más valioso patrimonio artístico. Así lo confirma ahora una Inmaculada realizada por el genio sevillano, adquirida por Abengoa por 12 millones de euros. El cuadro ya viaja hacia la capital hispalense.

Una joven virgen rodeada de un halo de luz solar, en actitud de oración, con la cabeza cubierta de doce estrellas y la luna a sus pies. Se trata de un cuadro único, una rareza, una obra maestra de la etapa sevillana de Diego de Silva y Velázquez que, a partir del próximo jueves, incrementará los fondos de la ambiciosa pinacoteca que la Fundación Focus-Abengoa inauguró hace poco más de un año con la ubicación definitiva en Sevilla -en el marco del Hospital de los Venerables- de la Santa Rufina de Velázquez.

Y es que, esta Inmaculada, al estar fechada en torno a 1620 y pertenecer a la etapa sevillana de Velázquez, establecerá un diálogo perfecto con Santa Rufina y con el resto de cuadros que integran el nuevo proyecto expositivo de Focus, centrado en el Primer Naturalismo Sevillano, un periodo que históricamente coincidió con el cambio del siglo XVI al XVII, cuando los artistas empezaron a pintar del natural haciéndolo con formas ampulosas y apuntes flamencos. Sevilla era por entonces una ciudad en la que paraban y residían los artistas, intelectuales y comerciantes que utilizaban a la capital del Guadalquivir como punto de partida hacia América. En esa ciudad cosmopolita, a donde llegan las primeras noticias de Caravaggio, es donde se forma un joven Diego de Silva y Velázquez; y ese espíritu, ese ambiente es el que la Fundación Focus recrea en un Centro de Investigación que, además de las pinturas del genio sevillano, expone también obras de Zurbarán, Roelas, Martínez Montañés y Herrera El Viejo, entre otros artistas, y que desde esta semana se verá engrandecido por la compra de indiscutible valor patrimonial de esta Inmaculada Concepción.

La compra se ha llevado a cabo de nuevo con la intermediación de la casa de subastas Sotheby's, que ha puesto a disposición de la obra cultural de Abengoa un cuadro de 1,42 metros por 98,2 centímetros, de cuya existencia apenas se tenía conocimiento hasta que salió a subasta en 1994 en Londres por un precio de salida de cuatro millones de libras (unos 800 millones de las pesetas de entonces), el precio pactado entre la casa de subastas y Charles Bailly, el marchante de arte francés dueño de la Inmaculada.

Sin embargo, esta pieza, que a pesar de ser una obra maestra era (y sigue siendo) un Velázquez desconocido, se quedó sin comprador en aquella ocasión. Según cuentan las crónicas de entonces, la polémica en torno a la autenticidad de esta Inmaculada, según todos los indicios, no sólo evitó que la puja se aproximara más a los seis millones de libras (1.200 millones de pesetas) en los que Sotheby's había estimado la venta, sino que el entonces director del departamento de pintura antigua de la casa, Hugh Brigstocke, responsabilizó indirectamente a algunos expertos españoles-entre ellos al profesor Alfonso Pérez Sánchez- del fracaso de la venta, al haber atribuido el cuadro, sin el menor género de dudas, al pintor granadino Alonso Cano.

Sospechas de autoría. Sin embargo, las sospechas sobre su atribución apenas continúan a día de hoy. La historia es como sigue: El coleccionista Charles Bailly, por su parte, adquirió la pieza en otra subasta anterior, también en Sotheby's, el 22 de junio de 1990. Entonces, el cuadro se presentó como "una obra de la escuela o del entorno de Diego Velázquez", y fue adquirido por el coleccionista francés por una cantidad cincuenta veces superior al precio de salida. "Es un verdadero Velázquez, lo sé por instinto y veréis cómo pronto lo voy a demostrar", dijo entonces Bailly tras la subasta.

Lo cierto es que, más de una década después, este cuadro ha pasado por un largo periplo de debates, restauraciones -la llevada a cabo por la prestigiosa Zahira Veliz, que tardó tres meses, una semana y dos días en limpiar el cuadro y fue una de las más ardientes defensoras de su autenticidad- y exámenes en profundidad por parte de todo tipo de restauradores de museo, historiadores del arte y marchantes, hasta que no ha quedado nadie que, actualmente, rechaze frontalmente la atribución del cuadro. Es más, el historiador José López Rey, ya fallecido, pidió antes de morir que "se incluyese este cuadro en caso de que se hiciese una nueva edición" de su catálogo razonado de Velázquez, sin duda, uno de los más prestigiosos del mundo. Y hasta el mismísimo Jonathan Brown, contrario a la autoría de Velázquez en Santa Rufina, se ha mostrado partidario de incluir esta bellísima Inmaculada como un Velázquez joven, anterior a su etapa en la corte de Madrid.

Un argumento más que de peso para la adquisición que acaba de hacer Focus-Abengoa -que no quiere ser tajante en cuanto a la autoría- y que, perdida la pista tras la subasta de 1994, llega mañana miércoles a Sevilla procedente de Suiza.

Descubrimiento. La historia del descubrimiento de esta Inmaculada Concepción, según contaba el diario El País en 1994, tuvo "algo de curiosa y de rocambolesca porque, tal como explicó el propio Bailly, el velázquez llevaba años encerrado en una miserable chambre de bonne en París. Cuando los dueños decidieron venderlo en subasta pública, en 1990, a un precio inicial de 400.000 francos, no se atrevieron a atribuírselo al pintor sevillano, limitándose a catalogarlo como un lienzo producido en el "círculo de Velázquez". Pero Bailly, que, según sus palabras entonces, quedó deslumbrado por la visión de esta Inmaculada, de belleza casi sensual, no tuvo dudas. "Desde el primer momento en que mi hermano y yo vimos el cuadro supimos que estábamos ante una obra de arte de categoría suprema", dijo entonces el marchante.

También fue tajante la restauradora Zahira Veliz: "La utilización de los tonos marrón tierra, no sólo en el cielo, sino en la propia túnica de la Virgen, además del recurso al esmalte en el firmamento, mezclado probablemente con azurita, son técnicas muy velazqueñas, en esa primera etapa de juventud del pintor".

Con esas credenciales, pues, aunque con la sombra de Alonso Cano pisándole los talones, llega mañana esta Inmaculada a la ciudad mariana por excelencia.

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