Cultura

Follett: "Los libros son un éxito si suscitan emociones"

el 20 oct 2010 / 18:58 h.

Follett, junto a un empleado de un tren de época cargado de libros del autor.
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Para el autor galés Ken Follett, lo más importante a la hora de publicar un libro no es que esté bien escrito, sino que la historia que cuenta "llegue al corazón" de los lectores, como espera que suceda con su última novela, La caída de los gigantes.

Con una espectacular puesta en escena, Follett presentó ayer en el Museo del Ferrocarril de Madrid el primer título de su trilogía The Century, que salió a la venta simultáneamente en 19 países el pasado 28 de septiembre y de la que, en sólo quince días, se han vendido más de 750.000 ejemplares en lengua española.

La editorial Plaza & Janés ha querido emular la portada de La caída de los gigantes, en la que aparece una vieja estación de tren, para la presentación en España de la obra.

Durante misma, Ken Follett (Cardiff, Gales, 1949) apareció en medio de una gran nube de vapor producida por un antiguo tren, construido en Bilbao en 1928, que entró en la vieja estación de Atocha, reconvertida en la actualidad en Museo del Ferrocarril, al toque de silbato del jefe de estación.

Dentro del viejo vagón, cientos de ejemplares de la última obra de Follett aguardaban, confundidas entre maletas antiguas, a ser leídos por los seguidores con los que el escritor cuenta en todo el mundo, como atestiguan los cien millones de ejemplares de sus obras vendidas.

El autor británico se mostró "encantado" de presentar su obra en España, país del que aprecia, entre otras cosas, "su vino", y recomendó a los jóvenes escritores que se dirijan al corazón de los lectores para alcanzar el éxito, porque, en su opinión, "no importa cuán bien escrito esté un libro si no toca los sentimientos".

"El libro será un éxito si suscita emociones, pero si la historia no establece ningún vínculo sentimental con los lectores será un fracaso", subrayó este autor de superventas, un género que en su opinión es tan bueno como cualquier otro.

Para el escritor, la polémica en torno a si la calidad literaria de los superventas es menor sólo existe "entre los periodistas", porque para los lectores y los escritores éste no es realmente un tema de debate.

En su opinión, la diferencia entre su última novela, ambientada en el siglo XX, y las anteriores situadas en la Edad Media estriba en que en ésta ha tenido que ser "mucho más cauteloso", ya que en otras como Los pilares de la tierra se podía "inventar cosas alegremente" al tratarse de una época más desconocida.

El autor de Un mundo sin fin, secuela de Los pilares de la tierra, publicada en España a finales de 2007, aseguró que este libro cuenta "la historia de mis abuelos y también la mía, porque yo he vivido la segunda mitad del siglo XX", aunque precisó que no es un libro de historia, sino una novela con un trasfondo histórico.

Entre sus pretensiones con La caída de los gigantes citó la de que quienes lo lean entiendan "un poco más" cómo ocurrió la Primera Guerra Mundial, la lucha de la mujer por lograr el derecho al sufragio o por qué la Revolución Rusa fue "una llama de falsa esperanza".

"Ésta es la primera vez que una novela cuenta la historia de la civilización occidental de todo un siglo", dijo Follett, quien ha considerado que los 61 años es "el momento" para llevar a cabo un reto "tan ambicioso".

la segunda, en 2012. El autor ya lleva escritas 200 páginas de la segunda parte de la trilogía, El invierno del mundo, que saldrá en 2012 y se centra en la Segunda Guerra Mundial.

En ella narra la lucha contra el fascismo, por lo que la Guerra Civil española, "muy simbólica para todo el mundo, no sólo en España", será una parte importante de la trama.

Follett se ha mostrado contrario a incluir su ideología en sus obras, al señalar que aunque "todo el mundo conoce" que apoya a los laboristas británicos, a menudo en sus libros habla de los conservadores "como personas racionales y agradables", algo que ha puntualizado que no es así en la vida real.

A la pregunta de cómo le ha cambiado el éxito, el autor se defendió irónicamente alegando que, después de 32 años, se está "acostumbrando" a la situación; "ahora puedo beber champán una vez al día y antes lo hacía una vez al año", aunque acto seguido reconoció que lo principal es que es "feliz" haciendo lo que le gusta y en lo que es "realmente bueno".

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