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Formas de comenzar un día 1

Abortada a tiempo la tentación de ponerse uno imponente y pomposo, por aquello de que toca hoy, reparo en la certeza de que no hay imagen más lograda de la tranquilidad que la de alguien sentado ante la tele, pie sobre pie, rebujado en su batín frente a unos daneses en pijama que han quedado para tirarse por una rampa larguísima, mientras la calle está muda.

el 14 sep 2009 / 22:06 h.

Abortada a tiempo la tentación de ponerse uno imponente y pomposo, por aquello de que toca hoy, reparo en la certeza de que no hay imagen más lograda de la tranquilidad que la de alguien sentado ante la tele, pie sobre pie, rebujado en su batín frente a unos daneses en pijama que han quedado para tirarse por una rampa larguísima, mientras la calle está muda. Hay pocas mañanas tan bellas en sí mismas, a decir verdad. Sobre todo tras una noche loca en que niños y niñas, para entonces ya dormidos hasta la tarde, vuelan la calle a petardazos y la riegan luego a vomiteras, para que se asiente la tierra. Es agradable sentirse un tipo apacible, estar a bien con los pajaritos y con el cosmos. Y con el silencio, sobre todo. Pero vamos, si ve usted que son las diez de la mañana y tiene a mano un petardo de los gordos, ¡enciéndalo y tírelo a la calle! ¿Y qué si se enfadan los jóvenes? ¿Acaso no será más importante enseñarles un poquito de rebeldía?

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