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Cultura

Fortuna de haber conocido a Fito

Amigos y compañeros recuerdan a Rafael de Cózar, fallecido el pasado diciembre, y reivindican la generosidad de su persona y la profundidad de su obra, aún por descubrir.

el 24 feb 2015 / 23:13 h.

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De izquierda a derecha, Pepe Serrallé (Director Casa de los Poetas), Francisco Vélez Nieto, Natalia Turrión (viuda del poeta), Juan Diego, Jesús Fernández Palacios, Antonio Hernández, María del Mar Sánchez Estrella (delegada de Cultura) y Encarna Aguilar (directora de la UIMP Sevilla). De izquierda a derecha, Pepe Serrallé (Director Casa de los Poetas), Francisco Vélez Nieto, Natalia Turrión (viuda del poeta), Juan Diego, Jesús Fernández Palacios, Antonio Hernández, María del Mar Sánchez Estrella (delegada de Cultura) y Encarna Aguilar (directora de la UIMP Sevilla). Resulta imposible recordar a Rafael de Cózar (Tetuán, 1951-Bormujos, 2014) sin que afloren las anécdotas hilarantes. Pero más allá de su talante desenfadado y hasta irreverente, también hay una obra que vale la pena reivindicar después de su trágico fallecimiento: poesía, relatos, novela y ensayo que hacen de este gaditano-sevillano un autor todavía por descubrir. El convento de Santa Clara acogió ayer la primera de las dos jornadas dedicadas a De Cózar organizadas por la Casa de los Poetas en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la real Academia de Buenas Letras. Abrió la sesión el poeta Antonio Hernández, reciente Medalla de Andalucía, quien defendió una obra «en concomitancia con la persona de Rafael, una obra dispersa como era aparentemente disperso él, aunque siempre concentrado en la calidad que se le supone al arte». «Rafael siempre ha representado las esencias de Cádiz como el mejor», señaló Hernández sin olvidar la notable dimensión sevillana del escritor y catedrático de Literatura, uno de esos creadores que no ve fronteras entre las distintas disciplinas del arte. «Lo entendía como un todo, y no como una serie de fragmentos atomizados. Participaba de la creación con todos los recursos», apuntó. «Me dan ganas de llorar, no sé si de pena, porque nunca lo veré, o de alegría por haberlo conocido». «Fito Cózar, nacido en Tetuán pero ciudadano del mundo, vivió entre el barroco y el postismo, pasando por las vanguardias», recordó otro de sus amigos inveterados, Juan José Téllez. «Viajó a un viejo mundo de murcios y busconas con la misma solvencia con que exploró el non plus ultra de la poesía visual. Fue el hijo putativo de Carlos Edmundo de Ory y, al mismo tiempo, un accidente geológico en el Estrecho», agregó este periodista y escritor, quien también definió al homenajeado como «un romántico, un easy rider». También subrayó Téllez el trabajo de De Cózar desarrollado durante años en la Asociación Colegial de Escritores de España, donde fue «militante en la defensa de la literatura y de quienes la ejercen», aunque como amigo y compañero fue mucho más: «Cuando estabas con él, estabas con la vida», agregó. Un Rafael de Cózar múltiple, así fue retratado en las dos mesas redondas, un Fito que era muchos Fitos. «Se sabía de memoria la Historia de la Literatura deVanguardia de Guillermo de Torre, y te la recitaba con la misma sencillez con que paladeaba una copa de manzanilla frente a Doñana», comentó el escritor Julio Manuel de la Rosa, quien destacó que el homenajeado «siempre fue generoso con sus amigos» y «Me hizo comprender que la crítica literaria es un sentimiento de simpatía por la obra ajena». «El amigo de todos», «una persona cuyo molde fue roto tras su nacimiento», una «criatura insustituible» fueron algunos de los elogios que hizo de él otro amigo veterano, Francisco Vélez Nieto, mientras que el gaditano Jesús Fernández Palacios, quien fundó en su ciudad junto a De Cózar y José Ramón Ripoll el grupo literario Marejada en los años 60, desgranó algunas jugosas anécdotas y dijo no sorprenderse nada por la «ola de cariño ganada a pulso que ha seguido a su muerte». Otro gaditano, José Manuel García Gil, amigo y editor de la narrativa breve de de Cózar en el volumen Boceto de los sueños, explicó que «en este país no se permite a los escritores hacer bien dos cosas», por lo que teme que la creatividad renacentista del autor haya podido jugar en su contra. «Los libros que él amaba eran los de carne y hueso. Hay que volver a su obra y releerla, desmenuzarla y rescatarla para rescatarnos a nosotros mismos». El actor Juan Diego, natural de Bormujos, donde residía De Cózar y donde encontró su fin tratando de apagar el fuego de su biblioteca, también dirigió unas emocionantes palabras sobre el poeta. «No me ha sorprendido últimamente tanto una muerte tanto, tan a traición», confesó, antes de leer un poema del homenajeado y otro de Borges.

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