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Fracasado mano a mano

el 23 abr 2010 / 20:24 h.

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado: Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro -el quinto como sobrero- bien presentados y de escasas fuerzas en líneas generales. El primero fue soso y rajado; manso el segundo; codicioso y flojo el tercero; noble y sin motor el cuarto; con mucha movilidad y picante el quinto; noble pero inválido el sexto.Matadores: Miguel Ángel Perera: silencio, palmas y algunos pitos tras aviso.Daniel Luque, silencio en los tres.Cuadrillas: Se mostró muy eficiente en la brega y con los palos Mariano de la Viña.
Incidencias: La plaza se llenó en tarde bochornosa y de nubes y claros.

La propia inercia de la Feria; la deriva triunfal que escogió otros nombres y otras fechas; y la escasez de méritos en la hoja de servicios de los dos diestros anunciados ayer había ido restando glamour a un mano a mano que tenía mucho más sentido cuando se anunciaron los carteles. Vencido el grueso del abono, el enfrentamiento se había quedado sin argumentos y el espectáculo, a priori, ya gozaba de cierto ambiente hostil. El aire se fue enrareciendo aún más según fueron saliendo los toros de Fuente Ymbro. Pero ojo, desde el común denominador de la falta de fuerzas, en el encierro reseñado por Ricardo Gallardo también hubo posibilidades aunque -también- quedó muy lejos del altísimo listón que ha marcado esta misma ganadería en otras fechas y otros ruedos.

Y así, la tarde pesó como una losa que sólo estuvo a punto de levantarse con la entonada faena que Perera instrumentó al tercero de la tarde. El diestro extremeño no había tenido antes demasiadas opciones con el astado que rompió plaza. Firme en el inicio, Perera pronto pudo comprobar que el toro no andaba sobrado de motor y protestaba de puro flojo. Aunque hubo acople en tres o cuatro muletazos la faena resultó larga y sorda, empapada de la sosería de un animal que se acabó rajando. Pero salió ese tercero y parecía que se iban a cambiar las tornas. El toro se vino de largo en el inicio de ese trasteo que se abrió con un pase cambiado por la espalda. Perera supo engancharlo por abajo y tirar de él en un puñado de muletazos largos y templados en los que el toro humilló siempre y mostró las goteras de su motor. De la boyantía inicial pasó a protestar imperceptiblemente restando limpieza a una faena que tampoco llegó a levantar clamores. El final fue más espeso y el mal uso de los aceros le birló el posible trofeo.

La sufrida parroquia iba a terminar de perder la paciencia cuando Perera no fue capaz de entenderse con el complicado quinto, que siempre se movió con una alegría que le hizo parecer mejor de lo que era. El toro de Fuente Ymbro tendía a vencerse por ambos pitones, a probar imperceptiblemente sin dejar estar a gusto a su matador, que tampoco se afinó por el más posible y emotivo pitón izquierdo. A esas alturas ya sonaban más pitos de la cuenta y la tarde aparecía definitivamente sentenciada.

Sentenciada también para el joven Daniel Luque, que ha consumado su ambiciosa apuesta -tres tardes en la Feria de Abril- sin lograr dar ni una sola vuelta al ruedo. Ayer pudo comprobar perfectamente que las cañas se han vuelto lanzas. Posiblemente quiso subirse de un golpe todos los escalones de la escalera pero a partir de ahora sabe perfectamente que sólo se puede hacer de uno en uno.
El público midió con escalímetro al joven Luque, que evidenció el calvario interior pasado sin que ninguno de los tres toros que sorteó le permitieran sacudirse el desaliento. El primero, por flojo y rajado, con el que se empleó en un trasteo espeso llegándose a poner pesado. Su segundo por inválido. A pesar de su nobleza manifiesta, la faena no podía coger hilo. Sin motor no hay coche que valga y a esas alturas la gente empezó a evidenciar que se le había acabado la paciencia.

Sólo le quedaba un cartucho, el sexto de la tarde, con el que Luque se empleó a fondo mostrando las excelencias de su capote, uno de los mejores del actual escalafón de los matadores de toros. Después de brindar a su padre se fue a los medios y recibió un jarrazo de agua fría. El toro prácticamente no se tenía en pie y aunque tomaba los engaños con boyantía, los muletazos se sucedían sin eco, sin trazo definido. La tarde estaba sentenciada. Mal asunto.

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