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Franco aquí no caía bien

Franco, hasta ahora alcalde de Sevilla en virtud de que el título conllevaba el adjetivo de "perpetuo", previsiblemente dejará de serlo pero, de la misma manera que hasta aquí casi nadie sabía que lo era, su defenestración tampoco quitará ni devolverá el sueño a la ciudad.

el 15 sep 2009 / 18:31 h.

Franco, hasta ahora alcalde de Sevilla en virtud de que el título conllevaba el adjetivo de "perpetuo", previsiblemente dejará de serlo pero, de la misma manera que hasta aquí casi nadie sabía que lo era, su defenestración tampoco quitará ni devolverá el sueño a la ciudad: es un acto de justicia que poco tiene que ver con la sentimentalidad de unas gentes acostumbradas desde siglos a dejar muy lejos actitudes numantinas o saguntinas, a ponerle velas a Dios y al diablo, a nadar y guardar la ropa. Franco vino a Sevilla las veces que quiso.

Iban multitudes a verle pasar por la calle San Fernando, a mirar cómo le ponían el palio en la otra Puerta del Príncipe -la de la Catedral- y después a entrar en el Alcázar. Al día siguiente se paseaba por la Feria entre aplausos pero, cuando el coche de caballos se alejaba, en la penumbra de la caseta se comentaba al forastero que aquí no caía bien. No por nada sino porque a la Feria le iban más los Reyes; igual iba a ser Doña Victoria Eugenia montada a la jineta que Carmen Polo, yendo de joyería en joyería y dejando cheques en blanco que, naturalmente, nadie se atrevía luego a rellenar.

Y así hemos llegado hasta aquí, nadando y guardando la ropa, como hace el banco propietario del Palacio de Yanduri. Allí instaló Franco en agosto de 1936 su cuartel general y para recordarlo se puso una lápida. Cuando lo que ahora se avecina ya se veía venir, la entidad -aconsejada seguramente por algún paisano jándalo de los que llevan aquí generaciones y conocen el percal- ni la quitó ni la dejó: simplemente la pulió con un buen cepillo de cantero hasta dejarla entre legible e ilegible; pudo seguir pero notándose que no caía bien. Torrijos debe saber que así es Sevilla y que por eso, a ver si no, es por lo que puede lucir en su escudo el lema de invicta.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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