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Frente al enemigo verde de los niños...

Los niños repelen las verduras como el aceite al agua. Y ante su negativa, sólo queda insistir. "Los pequeños necesitan que se les enseñe ocho veces una comida nueva para que la prueben", asegura Lourdes Alcañiz, coautora del libro Y hoy, ¿Qué les doy?

el 15 sep 2009 / 17:20 h.

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Los niños repelen las verduras como el aceite al agua. Y ante su negativa, sólo queda insistir. "Los pequeños necesitan que se les enseñe ocho veces una comida nueva para que la prueben", asegura Lourdes Alcañiz, coautora del libro Y hoy, ¿Qué les doy? Un manual de trucos y recetas frente al enemigo verde de los niños.

"Las encuestas indican que muy pocos comen al días las cinco raciones de frutas y verduras recomendadas y que el consumo de grasas está por encima de lo que se considera saludable", apostilla. A esto se suma el que el tiempo que pasan los padres en la cocina se ha recortado. El resultado: baja la dieta mediterránea y suben los precocinados, una fuente de grasas y sal extraordinaria.

Frente a ello, Alcañiz -que ha redactado la obra, de Grijalbo, junto a su madre, Lourdes March y la doctora Inmaculada Rodríguez- propone un recetario mensual basado en dos premisas: comer sano y ganar tiempo. Para ello resulta indispensable tener paciencia y un buen congelador en casa. "Propongo cocinar por semanas o cada 15 días y guardar la comida en el congelador. De hecho, una parte del libro explica cómo congelar correctamente". También facilita la compra con un CD interactivo. "Se pueden seleccionar las recetas y automáticamente se suman todos los ingredientes en una lista".

Para planificar la dieta se han usado las siguientes pautas: el desayuno es el primer aporte de energía del día y debe incluir una fruta o zumo natural, un lácteo, cereales y algo de proteínas (jamón de York, queso fresco o huevo). "Existen estudios que demuestran que los niños que desayunan menos, o no comen los alimentos que se les recomiendan tienen peor rendimiento escolar", asegura Alcañiz.

A media mañana, otra ración de fruta, un bocadillo de pan integral o galletas. Los almuerzos propuestos constan de dos platos y comienzan siempre con una verdura, ya sea sola, acompañando al arroz, en potajes o cremas. Las meriendas están pensadas para completar las raciones de lácteos y frutas. Y las cenas deben ser más ligeras y fáciles de digerir que los almuerzos, "puesto que los niños se van antes a la cama que los adultos". Este plan resulta equilibrado incluso para niños que almuerzan en el comedor escolar.

El etiquetado. Otro de los puntos que trata Alcañiz es cómo leer las etiquetas nutricionales. Para entenderlas, lo más fácil es fijarse en el número de calorías: están directamente relacionadas con las grasas y los azúcares. Y en la cantidad del producto. "Por ejemplo, un paquete de medio kilo de galletas indica 250 calorías. Pero puede referirse a seis galletas o a 100 gramos. Hay que mirarlo. Porque un paquete entero puede significar 1.250 calorías, que vienen a ser las que necesita un niño en todo el día". Su último truco, pero para la lista de ingredientes: "Cuanto más larga sea y cuanto más nombres raros tenga, mas conservantes y aditivos incluye".

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