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Fusión en la Alameda

Un hermoso chalet urbano donde se mezcla lo latino, lo oriental y lo sevillano en platos, a cubierto o bajo las estrellas.

el 13 may 2011 / 10:19 h.

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Una cancela de forja en la entrada nos muestra la fecha de construcción de la casa, 1889. Alameda de toreros, de mujeres alegres, de ventas y flamencos. Ana y Andrea han restaurado modélicamente esta casa para crear varios ambientes donde disfrutar de las excelencias que salen de la cocina que, heredero del colombiano César Mayorga, dirige ahora el uruguayo Nacho Bonasso. La decoración es atemporal, con gusto, no sujeta a modas, con detalles como esas lámparas con conchas de carey, todo destila calidez. Para completar esa sensación de quietud, el agua resbala por la pared del fondo recordando el antiguo aljibe que existía en el lugar.

Tres plantas articulan el espacio. La planta baja, donde está la barra, se dedica por completo al tapeo, con un salón cubierto y una romántica terraza donde escuchar los pájaros y sentir el aroma de las plantas comestibles que crecen en los parterres. La primera planta se dedica a restaurante a la carta, con coqueto reservado con balcones a la Alameda. En la tercera planta, también restaurante, una terraza donde cenar mirando hacia la Alameda y los tejados del barrio de San Vicente.

Cuatro cartas ilustran a la clientela sobre las diversas posibilidades de disfrute: tapas, restaurante, postres y vinos. Cartas que se cambian dos o tres veces al año, atendiendo a la frescura de los productos de temporada. Destacable la presentación de las tapas, con una vajilla moderna y muy atractivo emplazamiento. Buenas copas también para el vino, servido a su temperatura idónea.

La carta de tapa las divide en frías y calientes, entre las primeras resaltar un Tartar de atún rojo con crema de ajoblanco (4,10 euros), platillo fresco y balsámico, con magnífica integración del pescado con cebollita fresca picada, brotes y flores y buen complemento en el ajo blanco. También destacable el Sashimi de salmón marinado con vinagreta de ají amarillo, tamarindo y recula (4,00 euros), donde podemos apreciar perfectamente la armonía entre los elementos orientales, americanos y locales de esta cocina.

En las tapas frías un jugoso Bacalao al horno con verduras y una sorprendente mayonesa de pimentón dulce (3,00 euros). Un clásico ya de la casa es la Hamburguesa de langostinos con huancaina de rocoto y huevo de codorniz a 65o C (4,20 euros), que quedó tercera el pasado año en el concurso de tapas Sevilla en Boca de todos y que quizás mereció aún mejor puesto. Concurso en el que Al Aljibe lleva dos años seguidos recibiendo el premio al mejor servicio, no me extraña, la profesionalidad y trato del personal es de lo mejor de Sevilla.

La carta del restaurante sigue la línea de las tapas, en cuanto a calidad, presentación y filosofía de comida de fusión. Original carta de postres, no muy amplios, pero caseros (6,00 euros) y proponiendo vinos especiales e, incluso, maridaje de postre + vino (9,00 euros), aunque la cuenta se dispara un poco. Si original es la carta de postres, no menos es la de vinos, que no diferencia por zonas, salvo en la selección de vinos andaluces, sino en apartados como jóvenes, clásicos (Remelluri Rva. 27,00 euros), curiosos (Habla del Silencio, 19,00 euros), sorprendentes (Lozada, 27 euros), sibaritas (Dominio de Atauta, 36,00 euros), con glamour y joyas de la casa.

Van cambiando los vinos por copas, donde podemos encontrar blancos, como el Optimus de Rueda, y rosados, como el Albret de Navarra a 2,50 euros y tintos a 3,00 euros, como el Museum (Cigales), Soros (Rioja) o el Garabato (Ribera de Duero). Si queremos celebrar una apacible y romántica cena en la terraza, por qué no descorchar un magnífico cava como el Elisabeth Raventós (25,00 euros), un día es un día.

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