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Fútbol dual en la ciudad armoniosa

Por Ramón Ramos. Turín, donde arrancó la unificación de Italia, que inventó el cine y el Martini, que acogió el primer 'Sucudetto' del fútbol italiano, reparte sus amores futbolísticos entre la todopoderosa Juventus y un Torino de leyenda

el 13 may 2014 / 22:19 h.

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Por Ramón Ramos (Turín)

Hay quien reduce Turín a un cuadrilátero. Llamado así, el 'Quadrilatero', no más de tres kilómetros cuadrados que resumen el centro de la ciudad, concentra en una figura geométrica perfecta los principales atractivos culturales, artísticos e históricos de esta capital del Piamonte y decisiva en la unificación de la nación Italia que ha llegado a nuestros días.

Hablamos de historia y hablamos de fútbol. Una vocación pionera e histórica caracteriza a Turín (no solo la unificación, aquí también nació el cine en Italia y más: el 'Martini', popular vermú… Una deuda impagable de la humanidad con Turín): aquí se disputó el primer 'Scudetto' (Liga). Solo cuatro equipos y en una sola jornada (ganó el Génova), pero fue ¡en Turín!

Un cuadrilátero de calles y avenidas, un entramado urbano en retícula que extiende su armonía geométrica mucho más allá del centro histórico hasta los barrios más extremos de esta ciudad que roza el millón de habitantes. Todo tan geométrico, tan ordenado, que es precisamente este el tópico del que echan mano los humoristas cuando deben referirse a un piamontés: si el ligur (Génova) es tacaño, si el napolitano es simpático y vago, si el siciliano es celoso y violento, si el pugliese es gesticulante, para el piamontés debe estar todo medido, todo en su sitio, todo marcando el paso…

El fútbol, en cambio, se juega en un espacio de cuatro lados. Rectángulo, sí; pero no equilátero. Por tanto, imperfecto. Quizá por eso, esa armonía turinesa no se ha trasladado al fútbol, donde al referirnos a sus dos históricos equipos, Juventus y Torino, se puede hablar de todo menos de igualdad. Blanco y negro, los unos, granate, los otros; la Juve y el Toro, los 'gobbi' (jorobados) los juventinos, 'granatas' los 'tori', nacidos con nueve años de diferencia (1897 y 1906), no llevan bien la convivencia: Juventus vivió como un castigo su obligado paso por el estadio Olímpico, donde juega el Torino, mientras finalizaban las obras del campo de su propiedad, edificado sobre el antiguo Delle Alpi, que dobla el aforo de su rival. Algo que es muy normal en Italia, el estadio 'comunale' (municipal) compartido, que ejercen con normalidad Roma y Lazio, Inter y Milan, en Turín es imposible. ¿Les suena?

Las simpatías no están equitativamente repartidas, dicho con un ejemplo que se entienda: su historia quizá representó alguna vez un poderío semejante pero hoy ya no es así. Si en la inmediata posguerra el 'Grande Torino' equilibró la sala de trofeos que Juventus había reunido antes de la segunda conflagración mundial, el trágico accidente de Superga, en 1949, rompió para siempre ese equilibrio. Si en aquel entonces Turín dividió sus simpatías futbolísticas al estilo porcentual de Real y Atlético en Madrid, hoy el remedo se desliza hacia Barcelona y la desproporción entre Barça y Español.

Medió aquella catástrofe, sí, que dio motivo a uno de esos momentos solidarios que nos llevan a amar el fútbol. El 'Gran Torino' -evocado siempre así, 'Grande' y con mayúscula, porque las leyendas habitan en la grandeza- ganaba con facilidad el 'Scudetto' y acaparaba las alineaciones de la 'nazionale'. Así era todavía en mayo de 1949 cuando el accidente aéreo segó la vida de titulares y suplentes. Como aún restaban jornadas para el final del campeonato, el Torino se vio obligado a enviar a jugar a sus juveniles. Sus rivales no tomaron provecho de aquella tragedia y, a su vez, alinearon a sus juveniles y la 'squadra' granate pudo así adjudicarse el título. Póstumo. El sexto consecutivo.

De entonces a ahora, un solo 'scudetto', en 1976, con esporádicas 'visitas' a la Serie B, denominación algo eufemística de la segunda división italiana. Muy poco si se mira enfrente: Juventus acapara títulos nacionales y continentales. El club 'bianconero', uno de los grandes de Europa, es propiedad de la familia Agnelli, la más rica, la más poderosa e influyente de Italia. Familia propietaria también de la Fiat, hoy deslocalizada pero otrora industria señera de Italia. De aquí, de los Agnelli, que nunca disimularon su poderío, arranca tal vez la leyenda que identifica a Juventus con la Federación y los árbitros, que habrían 'mimado' con sus aciertos y desaciertos más de un lance decisivo a favor de los 'bianconeri'.

Turín y la Fiat, la Fiat y Turín. La parte por el todo y el todo por la parte: en los duros años de la posguerra la ciudad y la fábrica ejercieron como polo de atracción para la emigración interior desde el hambriento sur al laborioso norte piamontés. Sicilianos, napolitanos, calabreses… llegaban por centenas de millares en el decenio de los cincuenta y sesenta. Aquí, en aquellos tiempos, recibieron una acogida cuyo relato, escuchado ahora de labios de algún protagonista debió rayar en la xenofobia. Hoy, medio siglo después, Turín, como casi todas las grandes ciudades europeas receptoras de inmigración interior, presenta esa característica: hurgando hacia atrás, el apellido delata en segunda y tercera generación la inequívoca procedencia sureña.

He aquí otro elemento de la ciudad dual, trasladado al terreno futbolístico. Ideólogos y literatos del Torino blasonan del dialecto piamontés que todavía se escucha en sus gradas. Sorprendente que el equipo lleve el nombre italiano de la ciudad,' Torino', oscuro frente a la musicalidad alegre de 'Turín', nombre piamontés que ha llegado al francés (léase 'Tuguén') y al español. En contraposición, Juventus es el equipo que en gran mayoría adoptaron como propio los emigrados del sur. La identificación con unos colores como camino más sencillo y palpable a la busca de la integración en la hostil ciudad de acogida. A ello quizá contribuyó la política de fichajes desarrollada por los Agnelli: futbolista del sur que destacaba, futbolista que incorporaba a Juventus. Si joven, mejor. Que crezca como futbolista y persona entre los nuestros. Paisanía simbológica para atraer 'tiffosi'. Tuvo que ser así, año tras año, como Juventus devino en 'vecchia signora'.

'Vecchia' y poderosa 'signora'. En Turín se edita el diario deportivo 'Tuttosport'. Es 'juventino' y no disimula. Consciente de su poderío e influencia es cruel con quien no rinde: cuando Llorente iniciaba su aventura italiana y las primeras jornadas distaban de justificar la millonaria inversión 'bianconera', se permitió titular a toda plana en portada: 'Llorente, più di bello?' ('Llorente, ¿algo más que

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guapo?'). Algo muy gordo tiene que pasar para que 'Tuttosport' le dé la portada al Torino. Como en España, en los mostradores de las cafeterías reposan desmadejados por el uso los periódicos del día. Si en lugar de 'Tuttosport' encuentra 'La Gazzetta dello Sport' (milanés, pero imparcial, nada que ver con la orgullosamente alineada prensa deportiva de Madrid y Barcelona), eleve la mirada a los anaqueles del establecimiento: es más que probable que encuentre una antigua, desvaída y amarillenta foto del 'Gran Torino'.

Periódicos del día para individualizar la preferencia deportiva del propietario de la cafetería. Pero hay más 'Tuttosport' que 'Gazzetta'. Los sevillistas, así pues, tendrán una ventaja frente a sus rivales lisboetas en su cita turinesa: el Benfica eliminó hace dos semanas a Juventus, privándola de 'su' final en 'su' ciudad y en 'su' estadio. Y eso es algo que la ciudad 'juventina' no perdona.

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