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Galicia y País Vasco

El pasado 1 de marzo se celebraron las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco, con el resultado de todos conocido: en Galicia ganó, con mayoría absoluta, el PP y en el País Vasco, de nuevo, el voto se dividió entre nacionalistas periféricos y formaciones políticas integradoras de la unidad de España.

el 15 sep 2009 / 23:59 h.

El pasado 1 de marzo se celebraron las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco, con el resultado de todos conocido: en Galicia ganó, con mayoría absoluta, el PP y en el País Vasco, de nuevo, el voto se dividió entre nacionalistas periféricos y formaciones políticas integradoras de la unidad de España.

Sobre el resultado gallego se han ofrecido ya varias interpretaciones que permiten explicar un resultado que ha dado un vuelco espectacular a la situación política en esa región, hasta el punto de que las posibilidades de la alternancia, que es una de las esencias del sistema democrático, se han hecho realidad; los partidos que formaban la coalición de gobierno han perdido las elecciones y el partido que estaba en la oposición ha pasado a ser la fuerza ganadora sin paliativos.

Debido a la situación de crisis en la que vive instalado nuestro país, los ciudadanos se encuentran con el agua al cuello; y cuando eso ocurre, la gente prefiere que los temas que no son importantes para sacar la cabeza de la crisis, pasen a un segundo plano. Asuntos como la lengua, la identidad, los hechos diferenciales, etc., materias que los ciudadanos contemplan como más o menos importantes pero, en absoluto, como decisivos para dar respuesta a la grave situación en la que nos encontramos. El problema del bilingüismo, del galleguismo, etc. pueden esperar, según opinan aquellos que, en estos momentos, andan preocupados por sus negocios, por sus puestos de trabajo, por sus hipotecas, por su futuro laboral? Quienes han convertido lo secundario en lo principal, han pagado caro su error; si a eso añadimos la mala imagen que han ofrecido en la gestión del gasto público los que más obligados estaban, por estar en el gobierno, de transmitir una política de contención y austeridad, tendremos una de las claves del fracaso de la coalición gubernamental de Galicia.

La otra clave que explica la derrota hay que buscarla en la pérdida de las esencias socialistas que ha ofrecido el PS de Galicia. Vivimos en unos tiempos en los que el discurso nacionalista se ha ido abriendo paso en muchas formaciones políticas de ámbito estatal. Es entendible que, tácticamente, ese discurso pueda ser adoptado en momentos puntuales, pero es inadmisible que el discurso y la práctica política se impregnen de nacionalismo, desde el punto de vista estratégico. Y de esa estrategia, el partido de los socialistas gallegos ha participado excesivamente. Quienes han seguido la precampaña y campaña electoral de ese partido, habrán podido observar el intento, desde el primer día, de galleguizar la campaña de los socialistas, alejando su imagen de cualquier atisbo de españolismo que, en opinión de los que la han protagonizado, pudiera poner en duda los anclajes del socialismo gallego con Galicia, y sólo con ella. Eso es un error en cualquier parte, y como los resultados han dicho, especialmente en Galicia, cuyo electorado, mayoritariamente, está alejado de tentaciones y veleidades nacionalistas. El PSOE es la marca que compran aquellos que se sienten identificados con los principios del socialismo; alejar esa marca, para pretender vender algo diferente, es estrellarse y alejarse de los electores que quieren socialismo y socialismo español. En la opción del PSOE, hay unas cuantas personas, en España y en ese partido, que llevan grabadas sus siglas en la frente, hasta el punto de no hacer falta que digan en dónde militan, ni quiénes son, para que todo el mundo los identifique como socialistas y muchos se identifiquen con ellos, con lo que han hecho y con lo que representan. Prescindir de esas personas en la campaña electoral es prescindir de la franquicia socialista, de lo que el socialismo ha sido y es en España y de los valores que ellos representan y difunden mejor que nadie.

En consecuencia, los gallegos que han votado por un partido no nacionalista, han votado por el PP, porque el PSOE de Galicia no se ha mostrado como el partido que ha sido y es en España.

En el País Vasco, por fin, ha triunfado la opción no nacionalista. La democracia tiene sus reglas y es muy importante respetarlas. Nadie ha ganado con mayoría absoluta; el PNV ha sido el partido con más votos, y en segundo lugar ha quedado el PSOE de Euskadi. La lógica democrática obliga a que el PNV sea el encargado de intentar la formación de gobierno con todos los aditamentos que ello conlleva, discurso de investidura y votación en el Parlamento Vasco. Los ciudadanos que no andan metidos en política no aciertan a comprender que el partido que gana unas elecciones no sea el que gobierne. Por eso, la pedagogía política es tan necesaria para que todos seamos capaces de entender y comprender por qué ocurren los hechos, aparentemente incomprensibles, para el común de los mortales. Cuando el resultado de esa votación ponga de manifiesto que el PNV no está en condiciones de articular una mayoría y que la votación parlamentaria no le ha investido como Lehendakari, quedarán dos opciones: convocatoria de nuevas elecciones o la aparición en escena del segundo partido más votado que, ante el fracaso del primero, decide presentar un candidato y someter su programa y su candidato a la votación en el parlamento. Si triunfa el segundo, se habrá puesto de manifiesto que el candidato socialista tiene más capacidad de aglutinar una mayoría parlamentaria que el fracasado candidato nacionalista y que, si ha llegado al gobierno siendo el segundo partido más votado, no es la consecuencia de la ambición personal o partidaria, sino el resultado de un acto generoso para solucionar una crisis institucional que provocó la incapacidad del partido ganador.

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