Cultura

Ganó la irreverencia de la compañía Animalario

De compañía independiente y maldita a gran nombre de la escena nacional. Los chicos de Animalario se llevaron anoche tres de los mejores premios, emulando así a las anteriores ediciones de los Premios Max, en las que, consecutivamente, han triunfado siempre con el galardón al Mejor espectáculo.

el 14 sep 2009 / 23:40 h.

De compañía independiente y maldita a gran nombre de la escena nacional. Los chicos de Animalario se llevaron anoche tres de los mejores premios, emulando así a las anteriores ediciones de los Premios Max, en las que, consecutivamente, han triunfado siempre con el galardón al Mejor espectáculo. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

La cantaora de Triana Esperanza Fernández apareció en el escenario desafiando a la superstición por excelencia del teatro. Un poderoso vestido amarillo sol y una sobrecogedora toná sirvieron para abrir la noche del teatro en España. El flamenco estaba ya condenado a ser uno de las grandes constantes de una noche de teatro y resaca, como se apresuró a recordar Carlos Álvarez: "Ayer en Madrid, hoy en Sevilla", dijo en alusión a la entrega de los Premios Goya del Cine, algunos de cuyos protagonistas hicieron ayer doblete en Sevilla.

Pero los protagonistas de verdad fueron, una vez más, y como cada vez que acuden de nominados a los Premios Max de las Artes Escénicas, los irreverentes chicos de la compañía Animalario (Guillermo Toledo, Alberto San Juan, Andrés Lima...), que se llevaron los premios al Mejor espectáculo de teatro, Mejor dirección teatral y Mejor empresario. En definitiva, un ejemplo a seguir por sus competidores.

Por su parte, Carlos Álvarez y María Galiana, con una escenografía y un guión que abusó del flamenco como tópico andaluz (no faltó ni la Carmen de Távora), fueron los sobrios conductores de una gala que comenzó apresurándose por conceder sus galardones. Y así se sucedieron los de Mejor composición musical, para Luis Delgado por Un enemigo del pueblo; Mejor director musical, para Manuel Gas por Ascenso y caída de la ciudad de Magahonny; Mejor coreografía para Blanca Li por Poeta en Nueva York; Mejor intérprete masculino de danza para Juan José Jaén El Junco por Romancero gitano; Mejor intérprete femenina de danza, concedido a Mar Gómez, por Dios menguante; y Mejor adaptación de obra teatral, a Juan Mayorga por Un enemigo del pueblo, que acto seguido volvió a subirse al escenario para recoger el premio al Mejor autor por El chico de la última fila.

Y entre premio y premio, un poquito más de flamenco.. y de tópico andaluz, que para eso estábamos en Sevilla, pensarían algunos: La banda de música de Las Cigarreras, Vicente Gelo cantando una saeta desde un palco y una bailaora levantada por un cuerpo de bailarines como si fuera una virgen en paso de palio. Lo peor, que esta escena sucedió de inmediato a las palabras del alcalde de la ciudad, Alfredo Sánchez Monteseirín, que aseguró que "las apariencias engañan y los tópicos no valen. Sevilla es un crisol de culturas y lenguajes. Es la ciudad para la gente que piensa distinto". No sabemos si sabía lo que le venía encima.

Para aliviar un poco, algo de sexo y desmadre concupisciente terminaron por completar un guión desafortunado, sin hilo narrativo ni coherencia formal que aguaron una gala que se alejó por completo por el estilo de su director, el sevillano José María Roca, responsable de la compañía Producciones Imperdibles.

Y volviendo al palmarés, la gala continuó haciendo a Víctor Ullate premio de Honor. El coreógrafo recordó aquellos tiempos en los que "iban a verme cuatro gatos". "Va por ellos", dijo Ullate, para quien "el premio más importante es el que te da el público". La nota amarga de la noche se la llevaron esos grandes favoritos que se quedaron sin premio, como fue el caso de Belén Rueda (también derrotada en los Goya), el espectáculo Plataforma (que sólo consiguió premios menores) y Blanca Portillo. Los astros, en el teatro, está claro que brillan de otro modo.

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