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Cultura

García Martín: "Escribir un buen libro es una tarea difícil. Venderlo, imposible"

El crítico asturiano presentó su último libro, ‘Lecturas buenas y malas’, junto a los poetas Javier Lostalé y Javier Almuzara, que también dieron a conocer sus nuevas publicaciones

el 31 may 2014 / 22:30 h.

15787447 La Feria del Libro de Sevilla 2014, especialmente dedicada a la poesía -con Juan Ramón y Machado a la cabeza-, acogió ayer una mesa redonda con tres rostros muy conocidos para los iniciados en esta disciplina: el escritor crítico asturiano José Luis García Martín, que presentaba su ensayo Lecturas buenas y malas, su paisano Javier Almuzara, quien acudió a la cita con su poemario Quede claro, y el madrileño Javier Lostalé, quien hizo lo propio con su antología Azul relente. «En una feria lees poemas para gente que no ha oído hablar de ti, que recibe el fruto de un trabajo muy lento, y te ves obligado a seducir en un instante. A veces funciona», explica Almuzara, para quien la poesía no puede ni debe competir con los best-sellers que provocan grandes colas en las casetas. «Más bien la poesía aspira a ser un long-seller, algo que esperamos que no deje de venderse nunca, pero que sabemos que se venderá con cuentagotas. Nuestra intención es que no tenga fecha de caducidad, por eso no insistimos demasiado en que nos compren los poemarios». Para Lostalé, veterano periodista recientemente jubilado – «pero jubilado con mucho trabajo», acalara en referencia a su labor literaria, muy intensificada en los últimos tiempos– la poesía «no es un género literario, es otra cosa. Va más allá de la literatura. Siempre digo que, aunque he trabajado muchos años como informador, mi verdadero ser es la poesía», asegura. A su lado, García Martín sonríe. Sus Lecturas buenas y malas, donde reparte laureles y capones a partes iguales para escritores conocidos y algunos por conocer, le ha traído hasta Sevilla sin grandes esperanzas de convertirse en superventas, pero curioso por ver el rostro de sus eventuales lectores. «A las ferias vengo a divertirme, y a responder las preguntas de los visitantes. En realidad, más que crítico y más que escritor, lo que me gustaría ser es vendedor de libros, o asesor de lectores. O editor profesional, pero de los que sacan lo que les da la gana, como Abelardo [Linares, de Renacimiento]. Por eso estas citas no son para mí ni una pesadez ni un rito, sino una verdadera diversión», dice poco antes de saludar al también poeta Enrique Baltanás, sevillano, que le pide una dedicatoria. Eso sí, cuando se le invita a recomendar lecturas fundamentales, o al menos irresistibles, se cierra en banda: «Los verdaderos lectores no deben aceptar sugerencias, sino hacer como aquellos a los que les gusta comer, prueban la comida. La feria del libro permite probar, curiosear, y esperar a que sea el buen libro el que te atrape por el cuello. Hay que saber que no todos los buenos libros son para todo, ni para todos. Pero hay que saber distinguir entre aquellos que tienen, por ejemplo, una contraportada atractiva, y los que hacen solapas que parecen para tribunales de oposiciones», agregó con sorna. Por otro lado, los expositores de las ferias del libro inducen a una sospecha: tal vez se editan demasiados libros, al menos si pensamos en el equilibrio oferta-demanada. «Se edita tanto que hasta tenemos derecho ya a cometer equivocaciones», comenta Almuzara, autor de poemarios como El sueño de una sombra, Por la secreta escala o Constantes vitales. «Las editoriales parecen guiarse por la fórmula ensayo y error, ensayo y error, a ver si aciertan. Un amigo mío habla en un poema del minucioso paraíso del kiosco, y una feria del libro es realmente ese paraíso multiplicado», dice. Lostalé, por su parte, no tiene dudas de que las oleadas de libros que ven la luz tienen un efecto indiscutiblemente benéfico: «He titulado uno de mis libros Quien lee, vive más», dice convencido de la verdad de este eslogan, aunque asegura que en su caso la literatura ha sido también un modo de ensanchar el horizonte de sus amistades duraderas. «Algunos de los poetas a los que luego he leído con gusto y he entrevistado, como Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca o Jaime Siles, fueron amigos míos antes incluso de que empezaran a escribir», recuerda el autor. A su lado, García Martín, autor de títulos como Cómo tratar y maltratar a los poetas, Punto de mira o Biblioteca circulante, desconfía de esta absolución general de los libros, y recomienda ir valorando título por título. «Escribir un buen libro es una tarea difícil. Venderlo, imposible», bromea. «Antes el libro que se promocionaba mucho vendía mucho, y el que se promocionaba poco, vendía poco. Ahora el que se promociona mucho vende poco, y el que se promociona poco no vende nada», apostilló.

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