Cofradías

Garrido Bustamante: «No soy un cofrade de sacristía»

Su última novela relata las intrigas y presiones de cofrades del XVIII.

el 15 mar 2011 / 19:39 h.

José Luis Garrido Bustamante, anoche en el acto de presentación de su libro.

Grupúsculos de hermanos que, al margen de los cabildos, tejen turbias maniobras que llevan a la elección de un hermano mayor o al cese de un capataz. ¿Les suena? Seguro que sí. Lo que José Luis Garrido Bustamante relata en su última novela -Un viejo puñal cofrade, Guadalturia ediciones, febrero de 2011- transcurre en la Sevilla del XVIII, pero bien podría suceder en el seno de cualquier corporación de nuestros días.

En un siglo, el de las Luces, en el que empiezan a formarse las cofradías, "hay una religiosidad evidente, un deseo de justicia social contra el egoísmo de la época y unas hermandades que empiezan a darle gloria de Dios con grandes altares y procesiones solemnes". Pero, según Bustamante, "también están los grupúsculos que toman esas instituciones como elementos de distracción, con reuniones en las que no se resuelve nada, pero que se critica al hermano mayor o al diputado mayor de gobierno -llamados entonces alcalde y teniente alcalde respectivamente-", detalla el veterano periodista y escritor, que anoche presentó la obra en la Fundación Cruzcampo de Sevilla.

La suya es una novela nacida de "la fabulación absoluta", aunque sustentada en datos y hechos "ciertos" sacados de los anales de la época, como el de Agustino Matute, pero que "están distorsionados por la fabulación de la novela". Para ello ha echado mano incluso de "personajes cervantinos" en una Sevilla dieciochesca donde había "hasta 5.000 clérigos" y las tradiciones religiosas, como el vía crucis instaurado al templete de la Cruz del Campo "empezaba a relajarse", tanto que precisamente la obra comienza con el asesinato de un alto cargo cofrade por un nazareno encapuchado durante este rezo.

Pero lejos de la trama central, el libro describe algunas escenas escabrosas, como la de una señora que baja la sotana a un seminarista para hacerle cierto favor sexual: "¿Cómo he puesto esas escenas? Me han salido. Lo triste es que quien lo lea se detenga en ellas sin parar en el resto de la novela, con sus simbolismos y contrastes", defiende Bustamante, que aclara lo siguiente: "Si tienen de mí una imagen de cofrade de sacristía, tal vez con esta novela salgan de su error. No es la novela de un cofrade sino de un periodista".

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