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Gastos innecesarios

Los que asesoran alguna candidatura política en campaña electoral tienen la tendencia a considerar que los éxitos de la misma se corresponden con sus ideas e iniciativas. No engañan a nadie, es la simple aplicación de un principio básico del marketing...

el 15 sep 2009 / 19:39 h.

Los que asesoran alguna candidatura política en campaña electoral tienen la tendencia a considerar que los éxitos de la misma se corresponden con sus ideas e iniciativas. No engañan a nadie, es la simple aplicación de un principio básico del marketing, esa aparente ciencia que idearon los suizos para vender todo tipo de producto. Los asesores de una campaña electoral venden su eficacia para que los contraten en las siguientes y, además, procurando que les mejoren las condiciones. El mercado ofrece diferentes clases de asesores, pero los más atractivos suelen ser los que aliñan los resultados con alguna dosis de desvergonzada osadía. Las evidencias están al cabo de la calle y puede que a ellas también pertenezca la burra que acaban de colocarle al grupo socialista en el Ayuntamiento de Sevilla. Según la información transmitida, la personalidad de Barack Omaba, la coyuntura sociológica norteamericana o la gestión de su antecesor en la presidencia de los Estados Unidos no ejercieron ninguna influencia en el saldo electoral, sino que éste se debe a la utilización de Internet.

Un asesoramiento que seguramente habría dado cualquier estudiante de primer curso de Ciencias de la Comunicación, pero el problema añadido es por qué siendo tan exclusiva esa utilidad, la candidatura se gastó tantísimos millones de dólares en las grandes e importantes cadenas de televisión o intervino en tantos actos electorales para garantizar su presencia en los medias. Quizá reserven las respuestas para ofrecérselas a otro grupo de cándidos dispuestos a pagarles con dinero público por escuchar sus éxitos. Pero entiéndase, los técnicos norteamericanos no merecen ninguna crítica por realizar una oferta que, si pudieran, sería realizada exactamente igual por los de Trebujena, y tal vez con más eficacia porque aplican las técnicas del marketing a la identidad cultural en la que trabajan. El problema radica en la asimilación de esa papanatería de tradición andaluza que considera que lo que viene de fuera es mejor porque es más caro y llega envuelto en un papel en el que podría escribirse: "gastos innecesarios para el gobierno de la ciudad".

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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