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Gastronomía en el gasto público

En algún lugar de mi desastroso archivo figura un recorte de Blanco y Negro con un artículo en el que Josep Meliá ironiza sobre el incumplimiento de un decreto franquista para moderar las comidas institucionales y el uso de coches oficiales, un asunto que, con razón, "obsesiona" a un buen periodista, Alfredo Martínez.

el 15 sep 2009 / 06:54 h.

En algún lugar de mi desastroso archivo figura un recorte de Blanco y Negro con un artículo en el que Josep Meliá ironiza sobre el incumplimiento de un decreto franquista para moderar las comidas institucionales y el uso de coches oficiales, un asunto que, con razón, "obsesiona" a un buen periodista, Alfredo Martínez. España no estaba para consumir ostras, ni ahora deben justificarse por la ejecución del trabajo por el que percibes un sueldo de presidente del Gobierno, caso de los miembros del Consejo Audiovisual.

Antonio Ortega, el secretario que dio vida al moribundo PA, cuenta una anécdota sobre alegrías gastronómicas en el gasto público. Siendo concejal del Ayuntamiento de Sevilla, el alcalde le encomendó que fuera anfitrión de unos visitantes rusos. En la cena, los restantes ediles comenzaron a pedir un licor carísimo y, como tenía que firmar la factura, interrumpió para anunciar que las copas las pagaría cada cual de su bolsillo, prorrateando la de los invitados. La reacción de todos fue la de cambiar de bebida, salvo los rusos, que no se enteraron o quisieron enterar y mantuvieron la estela abierta por los demás comensales. Estas cuestiones no necesitan una norma, máxime si luego se permite incumplirla, pero si una advertencia sobre la vergüenza y dignidad con el dinero de los contribuidos.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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