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Gertrudis Gómez de Avellaneda

La intensísima lluvia del pasado domingo, 1 de febrero, no fue obstáculo para honrar la memoria de la escritora, dramaturga y poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. El acto se desarrolló en el Cementerio de San Fernando de la ciudad de Sevilla junto al panteón familiar en el que se hallan sus restos.

el 15 sep 2009 / 22:17 h.

La intensísima lluvia del pasado domingo, 1 de febrero, no fue obstáculo para honrar la memoria de la escritora, dramaturga y poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. El acto se desarrolló en el Cementerio de San Fernando de la ciudad de Sevilla, junto al panteón familiar en el que se hallan sus restos. La convocatoria se realizó desde la asociación aultural que lleva su nombre. Uno de los matices más importantes de esta acción era la vindicación legítima del respeto a las últimas voluntades de Gertrudis, recogidas en su testamento. Al parecer existen intereses en la exhumación de los restos para un posterior traslado a Cuba, contraviniendo la decisión de la propia poetisa de que permanecieran en el lugar que se encuentran actualmente. Tres mujeres, miembros de la asociación, ataviadas con traje de época, vincularon la identificación emocional de los asistentes con la figura de esta mujer, añadiendo al acto un complemento de colorido desde la consideración más exquisita.

Entre los asistentes se encontraba Rafael Gómez de Avellaneda, uno de sus descendientes directos, con su esposa e hijos, miembros de la Asociación G. G. de Avellaneda de Constantina y algunos amigos. Fueron depositados ramos de flores sobre su tumba y, a continuación, se hizo lectura del testamento por la escritora y periodista Edith Checa. Éste fue el preámbulo de la lectura que realizamos algunos poetas de la obra de Gertrudis. Entre éstos nos encontrábamos los compañeros de Baratillo Joven. CreAcción Poética, como Alejandro Ruiz Rodríguez, al cumplirse el 125 aniversario del fallecimiento.

Nos sentimos muy dichosos y honrados de insuflar pálpito y vida al espíritu lírico de esta precursora del feminismo moderno por su actitud vital, acusada intelectualidad e independencia y libertad de elección. La de Gertrudis fue una voz femenina en el panorama romántico español, cuyo calibre y calidad literaria se descubre en su amplia obra.

Su biografía vital, cuajada de desgracias y malogradas relaciones sentimentales, encaja plenamente con los valores románticos, porque más allá del destino, y sin dejar subyugarse por él, recompone una y otra vez su propia vida. Y es que Gertrudis Gómez de Avellaneda constituyó un verdadero alegato y tributo a la vida desde su única y personal decisión, a pesar de los obstáculos que tuvo que salvar por su condición de mujer que, en ningún caso, amilanó su actitud y resolución.

Tras la muerte de su padre y la prematura boda de su madre, a los 22 años decide emprender viaje a Europa. Había nacido el 23 de marzo de 1814, en la antigua ciudad de Santa María de Puerto Príncipe, hoy Camagüey. Realizó un periplo por diferentes ciudades del sur de Francia en las que se produjo el primer contacto con el movimiento literario romántico.

Se asienta definitivamente en España, concretamente en la Coruña, a partir de 1838. Hacia 1840, realiza un viaje a Constantina (Sevilla), donde vive su tío paterno. Y de ahí marcha a Sevilla. Sufrió la muerte de sus dos maridos y el abandono de su amante, a pesar de encontrase embarazada. Su hija muere a los 7 meses de su nacimiento, lo que provocó su carácter depresivo, cercanía al espiritismo y jornadas de retiro religioso. Toda esta serie de acontecimientos tienen fiel reflejo devocionario, pues en su obra abunda el tema religioso. No obstante, tuvo el apoyo de escritores como el Duque de Rivas, José Zorrilla, José de Espronceda o Alberto Lista.

Como hecho significativo. y de trascendencia social en su obra, destaca la creación de la novela titulada Sab, la primera de su género, con marcado acento abolicionista. En 1854, Gertrudis Gómez de Avellaneda presenta su candidatura a la Real Academia Española pero es rechazada por prejuicios machistas. Su principal censor fue Marcelino Menéndez Pelayo, quien, curiosamente, la definió como "la poetisa más grande de los tiempos modernos".

En 1859, la poetisa regresa de nuevo a su patria, Cuba, donde permanece hasta 1864. Conocida afectuosamente por sus compatriotas como Tula, durante un acto festivo en el Liceo de La Habana, fue proclamada poetisa nacional. En 1865, Gertrudis fijó definitivamente su residencia en Madrid, tras haber viajado a Estados Unidos. La poetisa murió el 1 de febrero de 1873. Por expreso deseo personal, sus restos descansan en el cementerio de nuestra ciudad.

Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga. Una creadora, una mujer en la que sus propias palabras evidencian su desgraciado sino "...jamás he sido feliz ni he hecho feliz a nadie...".

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