Gigantes del Manchón

El célebre concurso de sandías y racimos de uva de Los Palacios y Villafranca ha arrojado este año ejemplares que baten todos los récords, como un racimo que pesa más de seis kilos

el 04 ago 2014 / 11:50 h.

La huerta palaciega no sólo da productos de envidiable calidad y en generosa cantidad, sino míticos ejemplares que causan el asombro en toda la comarca y más allá. Tanto es así, que los ganadores del célebre certamen que pone sobre la balanza las sandías más gordas y los racimos de uva más descomunales acudirán en los próximos días a otros concursos, como el de Bollullos par del Condado (Huelva), o venderán sus hermosas piezas a restaurantes y hoteles de Sevilla. El alcalde, Juan Manuel Valle, junto a los participantes y los homenajeados. El alcalde, Juan Manuel Valle, junto a los participantes y los homenajeados. La sandía ganadora de este año, que se pesó durante la velada de la patrona, la Virgen de las Nieves, arrojó el pasado sábado 39 kilos, una magnitud increíble para los profanos del campo, pero no para los manchoneros palaciegos, acostumbrados a estas dimensiones que ellos mismos persiguen, como Enrique Molina, el dueño de la pieza, que se ha llevado 150 euros del premio que concede el Ayuntamiento. Sebastián Gómez ha ganado el doble, porque el sábado se llevó el primer y el segundo premio por sus dos racimos de uva gigantes. El mayor de ellos pesó 6 kilos y 300 gramos, lo cual supone un récord no sólo en el concurso, sino en la propia trayectoria de este concursante que ya es un clásico de la exageración hortelana, conocido porque hace años sacó una calabaza de 84 kilos, muchos más de los que pesa él. Una calabaza de 46 kilos mostró también Enrique Molina, aunque fuera de concurso, porque el certamen del Ayuntamiento sólo está abierto a sandías y uvas. «No sería mala idea abrirlo también al tomate», apunta Molina, sabedor de la solera que el bombón colorao tiene en este pueblo. «Tendrían que concursar también las calabazas», propone Gómez, que asegura que si se dedicara «plenamente a estas cosas, sacaría productos el doble de gordos». «Lo que pasa es que no tengo tiempo», explica. SAM_2142Entre los manchoneros se pican con estas crianzas. «Esto es como un niño chico; hay que dedicarle muchas horas», dice Molina, que dejó más de tres metros alrededor de su sandía, la abonó mimosamente y la vigiló durante dos meses para que ganara el concurso. «Sebastián me pidió pipas de mi calabaza para criarla él», asegura, mientras Gómez insiste en que «para las calabazas que cría Molina le di las pipas yo». Y añade: «Esto tiene su secreto, sobre todo los racimos de uva, porque una sandía gorda la cría cualquiera, pero un racimo así, no». Atrás quedaron los años de Juan Rodríguez El Platero, un manchonero que acaparó los premios de sandías legendarias durante más de una década y que llegó a cosechar una de 63 kilos. «Lo de que vayan menguando debe de ser cosa de las simientes», justifican los viejos. En la velada del sábado, antes de que los agricultores subieran al escenarios sus uvas y sandías (Francisco Pérez ganó la modalidad de sandía negra con 36 kilos), el Ayuntamiento homenajeó a dos familias de fotógrafos convertidas en marca local. Uno de ellos fue Francisco Roque, que empezó retratando a los arroceros en la marisma en plena posguerra y terminó jubilado hace sólo unos años con su propio estudio en el centro del pueblo. Los otros fotógrafos son los Lemos, una saga de profesionales que ya va por la quinta generación.

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