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Golpe demasiado fuerte

el 21 jun 2010 / 06:32 h.

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Harto de estar harto... ya me cansé". Este escueto dicho podría resumir el estado de ánimo de la afición bética tras otro desastre más, en la última jornada. Qué más da, si fue en la última o en la 32. Paños calientes, no. Excusas, menos, y apariciones fantasmagóricas de quien a nadie representa, por mucho cargo que diga ostentar, son otro nuevo pasillo de comedia de quienes hace mucho tiempo que debieron estar lejos de despachos y palco -Manuel Ruiz de Lopera y sus consejeros-, porque aunque tengan la mayoría accionarial no tienen la representatividad moral de los socios y de los aficionados verdiblancos, que lo han manifestado un domingo sí y otro también y que explotaron cuando vieron que el ascenso era una quimera.

Responsables. No cabe hablar del partido. Porque se jugaba más en Irún, en las puertas de Francia, que en el Paseo de La Palmera. Las elucubraciones que siempre aparecerán en los partidos clave de las últimas jornadas son consustanciales con el fútbol. Hace falta demostrarlas, porque de lo contrario se quedan sólo en elucubraciones.

La realidad es que otra vez, esa afición modélica y ejemplar siguiendo al equipo y reventando las gradas aun sabiendo que era casi un imposible, ha recibido otro palo monumental. Esa afición que ya no sabe dónde ir o dónde protestar, necesita más que palabras, hechos. El golpe ha sido demasiado fuerte para que quienes no han sido capaces de llevar la nave a la Primera división, Lopera, León y los consejeros, Víctor Fernández y los jugadores, carguen con la responsabilidad absoluta del desastre. Todos, sin excepción.

Nadie se salva, porque hasta el entrenador sabía dónde se metía, los puntos que tenía el equipo verdiblanco y los que necesitaba para ascender, que era el único motivo de su venida al Real Betis Balompié.

Soluciones. La afición espera soluciones y no palabras y deseos. Cuando se fracasa con estrépito en fútbol se dimite. Sabemos que se trata de una Sociedad Anónima y que los tiempos son otros de aquellos en los que mandaban los pañuelos de los aficionados.

No estropeen el único capital que le queda al Real Betis Balompié, su afición. Porque maldito será el día que digan "hartos de estar hartos... ya me cansé".

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