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Gómez Sierra: "Asenjo me ha advertido de que me prepare porque hay mucho trabajo"

El día 26, la Catedral de Sevilla acogerá la ceremonia de ordenación episcopal de este manchego, ordenado en 1982, que ha desarrollado todo su ministerio en Córdoba. Hombre de plena confianza del cardenal Asenjo, desembarca en la plaza Virgen de los Reyes como obispo auxiliar de Sevilla.

el 09 feb 2011 / 20:17 h.

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López Sierra, en la escalinata del Palacio Arzobispal de Sevilla.

-¿Le molesta que le hayan colgado el cartel de ser el hombre que empujó a Cajasur al abismo?
-Bueno... es inevitable. Uno asume su propia historia. A veces pienso que 28 años de cura, de los cuales tres y medio he sido presidente de Cajasur, no van a tener tanto peso como esos tres y medio, que van a teñir durante tiempo el resto. Yo no he llevado a Cajasur al abismo, en absoluto, porque Cajasur se ha fortalecido con la absorción por la BBK. Su plantilla ahí está y sus clientes tendrán un servicio financiero de primera calidad. Ni los trabajadores han perdido su puesto de trabajo ni los impositores han perdido sus ahorros, con lo cual, yo no he llevado a Cajasur al abismo.

-¿Y por qué se prefirió que se interviniera Cajasur a la fusión con Unicaja?
-Porque no había acuerdo laboral con Unicaja. Desde que decidimos que la caja ya no era viable en solitario, establecimos como una condición sine qua non el acuerdo laboral. No hubo acuerdo laboral, no hubo fusión.

-Griñán le culpa de que esta maniobra haya abortado la creación de la caja única andaluza. ¿Se siente usted culpable?
-El presidente, como las personas que han intervenido en el tema, saben lo que ha pasado perfectamente. Creo que culparnos a nosotros no es justo. Intentamos hacer la fusión con quien nos dijeron y luego no fue posible. ¿Nosotros qué tenemos que ver en lo que hayan hecho otras cajas de ahorro y por qué no se han unido con Unicaja?

-¿Cree que su pasado puede afectarle a las relaciones institucionales en Sevilla?
-No lo sé. Yo no tengo ninguna dificultad con nadie. Yo he cumplido con mi responsabilidad y supongo que cada uno tendrá la idea de que ha cumplido con la suya. Tengo el mayor respeto a los que se dedican a la política y a la cosa pública. También me gustaría que lo tuvieran hacia mi persona, no sólo como obispo, sino como ciudadano.

-Asenjo le define como un gran trabajador y hombre extremadamente inteligente. ¿Usted cómo le define a él?
-Mire, don Juan José es un obispo muy espiritual, es un hombre de Dios, piensa desde el Evangelio y eso lo tiene metido en los tuétanos. En las relaciones personales es un hombre muy entrañable y que siempre trata de salvar todo lo posible en cualquier situación. Emplea mucho una frase del profeta: "No quebrar la caña cascada, no apagar el pabilo vacilante". Es un hombre muy trabajador, agota a los que tiene alrededor, porque además es bastante... le gustan las cosas bien hechas. Y eso hace que estar alrededor suyo exija trabajar y además trabajar bien, no chapuzas.

-¿Cómo ha visto desde la distancia el aterrizaje y la adaptación de Asenjo en Sevilla?
-No la he podido seguir muy de cerca, pero sí me consta que vino muy ilusionado a Sevilla. El tiempo que pudo compartir con el señor cardenal, me consta que de manera muy fraterna, le sirvió para ir conociendo la diócesis. Eso ha ido haciendo que su entrada haya sido suave. Don Juan José no es un hombre de bandazos ni de decisiones drásticas. Es un hombre firme en sus convicciones y en la orientación que quiere imprimir a la Iglesia. Yo a él lo veo, ahora que he podido hablar más con él, muy contento en Sevilla.

-Seguro que ya le ha ofrecido algún consejo. "Ándate con cuidado que los sevillanos..."
-No, no, no, en absoluto. (Se sonríe). No, de verdad, que no. No me ha puesto en guardia hacia los sevillanos. Sí me ha advertido que me prepare porque aquí hay mucho trabajo.

-¿Qué conoce de la Semana Santa de Sevilla?
-No mucho, he venido un par de veces. Viví una Madrugá en Sevilla en la calle Sierpes. Y luego también algún otro día. La verdad es que hace falta que te enseñen a verla, porque si no pues ves la bulla y poco más. Lo importante no es lo que yo pueda ver sino el contemplar cómo la viven los protagonistas de esas manifestaciones. Hace diez o doce años, la primera vez que vine a la Semana Santa de Sevilla, era seminarista y llegué a la casa de un hermano de Jesús del Gran Poder. Asistimos a cómo aquel hermano se revestía con el hábito de cofrade en su propia casa y cómo salía hasta la iglesia. Me impactó mucho con qué devoción y con qué emoción se vivió en aquella familia desde ese momento.

-Le supongo ya advertido de que no debe rechazar ninguna estampa que le ofrezcan.
-Sí, sí, aquello fue un malentendido. Ningún obispo de Sevilla ha rechazado nunca una estampa de ninguna imagen.

-¿Le ha sorprendido la repercusión que ha tenido el decreto de las nazarenas?
-Sí. Creo que es un tema menor, porque en definitiva se trataba de abrir la puerta a las mujeres para que pudieran hacer estación de penitencia, pero bueno el tema de la mujer y de la igualdad es un tema culturalmente de moda.

-Rouco se jubila. A Asenjo lo nombran obispo de Madrid y usted se queda en Sevilla. ¿Se imagina esa carambola?
-Bueno, bueno, para mí es un honor grandísimo y un acto de confianza del Papa el que me haya nombrado obispo auxiliar de Sevilla y estoy encantado. No sé si habrá responsabilidades posteriores o me moriré siendo obispo auxiliar. Eso está en manos de Dios.

EL PERFIL

Ha sido abandonar el régimen informal de comidas a que le obligaba su papel de presidente de Cajasur y perder una decena de kilos. Santiago Gómez ya no ese ese sacerdote robusto que nos mostraron las fotografías el día de su nombramiento como obispo auxiliar de Sevilla el pasado 18 de diciembre. Ahora, el clerygman le baila en el cuello de unas camisas que se le han quedado grandes.

Este manchego –el acento le delata– se ordenó sacerdote en Córdoba en el año 1982, una diócesis de la que no se ha movido hasta ahora, cuando el Papa lo ha llamado a otras tareas pastorales. Gómez establecerá su residencia en Sevilla en una vivienda de la archidiócesis cercana a la Casa Sacerdotal, al lado de la Alameda de Hércules. Se viene a vivir con sus padres, unos pequeños agricultores que viven con él desde que su padre colgó el azadón. 

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