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Gonzalo y Genoveva

Ni el portugués San Gonzalo ni la francesa Santa Genoveva tuvieron que ver nada con Sevilla. Están hoy sus nombres en todos los programas porque así bautizaron al general Queipo de Llano y a su esposa, la señora Martí Tovar.

el 16 sep 2009 / 00:57 h.

Ni el portugués San Gonzalo ni la francesa Santa Genoveva tuvieron que ver nada con Sevilla. Están hoy sus nombres en todos los programas porque así bautizaron al general Queipo de Llano y a su esposa, la señora Martí Tovar. Si los gerifaltes del franquismo hubieran sido listos, habrían usado más el método de colocar el apócope de la santidad a las obras con las que se autotitulaban para dejar constancia de su paso por este valle de lágrimas. Ese constructor llamado el Pocero ha ido colocando en la demencial -y fantasmal- ciudad en Seseña estatuas de sus familiares que seguramente acabarán ubicadas en un almacén municipal.

En cambio Santa Genoveva y San Gonzalo -perdidos en el santoral del año- tuvieron dos parroquias que, al contrario de la mayoría de otras que se levantaron en el extrarradio -igual de perdidas en el callejero- son ahora tan conocidas como San Lorenzo o San Román; collaciones que, de escribirlos ahora, no hubieran osado omitir de sus anales Ortiz de Zúñiga o Matute. A despecho de tirios y troyanos, la cofradía les dio personalidad propia y las perpetuó en el tiempo: lo contrario de lo que sucede a quienes les debe los nombres que ya no son de personas sino colectivos.

Tras haber entrado pausadamente, de vuelta, la cruz de guía de Santa Genoveva por Almirante Topete; dobla la esquina el Senatus. Un vecino sale de un bar con una cerveza y se la da al que lo porta: "toma Pepe, que estarás sediento". El nazareno le deja la insignia para poder beber del vaso pero los del tramo anterior comienzan a andar; entonces el que ha convidado la levanta y continúa por él la estación. Entre el público, uno murmura: hay que ver, qué descaro. Y su mujer le dice: "Déjalos, ya están en el barrio". Es otro de los misterios que la gente conmemora estos días, probablemente sin saberlo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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