Economía

Gota a gota hasta la ruina

De ser bien recibida, a convertirse en pesada, hasta llegar a catastrófica: la lluvia ahoga a los agricultores de Sevilla.

el 27 feb 2010 / 21:02 h.

Los campos de cultivo se han convertido en lodazales difícilmente recuperables a corto plazo.

Decir que sobre el campo andaluz y sevillano en las últimas semanas ha llovido sobre mojado es un recurso demasiado fácil para describir la situación que viven miles de agricultores. Es más que eso.

La lluvia no ha dejado en paz a los cultivos de la provincia desde el 15 de diciembre. Dos meses y medio sin dejar de llover. Se dice pronto. Los primeros días las precipitaciones fueron muy bienvenidas, luego se convirtieron en pesadas, posteriormente en peligrosas y, en los últimos días, en catastróficas.

José Parrilla lo sabe bien. Hace de portavoz de unas ochenta familias que explotan 3.000 hectáreas de terreno en los cortijos El Rubio, El Caserón y Alhorí, cerca de Montellano y en el término municipal de Utrera. A ellos, el peligro no les viene de ningún río desbordado, al contrario que en la zona de la Vega. La ruina les está cayendo del cielo. Lenta y persistente. Gota a gota.

Su situación no es distinta que otras fincas de la campiña sevillana o de la zona norte. Decenas de hectáreas de sus campos de cultivo se han convertido en verdaderas piscinas primero, y en densos e impracticables lodazales después.

La simiente de trigo, girasol o cebada, que ya debía haber empezado a germinar, está ahogada, podrida o, simplemente, se ha perdido. "Nos ha lavado la tierra", explican los agricultores mientras contemplan el estado en que se encuentran sus propiedades. Les tiembla la voz al pensar el tiempo que tardará en recuperarse el terreno y estar apto para iniciar una nueva siembra. "Pueden pasar meses o incluso años", relata José Parrilla.

El presidente José Antonio Griñán ha puesto esta semana las cifras a la situación : El campo andaluz ha podido perder unos mil millones de euros por el agua.

José y sus compañeros de fatigas le ponen cara: No sólo se ha perdido la cosecha: "Lo peor es que los caminos han quedado inservibles, completamente impracticables", cuentan. De este modo, se hace imposible transportar las maquinarias para volver a trabajar la tierra o intentar bombear el agua para ayudar a la tierra a volver a respirar.

Por ello, a partir de ahora se esforzarán en que las posibles ayudas gubernamentales se centren en este aspecto. Sin la maltrecha red de caminos, están atados de pies y manos para levantarse tras el golpe que les ha caído del cielo, que se suma a la enorme crisis en que está envuelto el sector agrícola.

"Hasta ahora, nos habíamos apañado como buenamente podíamos en este sentido. Entre las ochenta familias, nos íbamos repartiendo los gastos e íbamos abriendo caminos por los lugares donde era necesario. Cuando ha sido necesario ampliar alguna vía o arreglar una vereda, nos hemos hecho cargo, pero ahora: ¿cómo vamos a poder arreglar todo ésto?", se preguntan.

No en vano, esa imprescindible red viaria les ha traído de cabeza durante décadas. "Antes de tener tractores, los mulos y las bestias de carga se nos morían en los caminos y teníamos que dejarlas allí, porque no había modo de ir a recogerlos. Incluso -cuentan- hace algunos años un hombre murió en uno de los cortijos que hay entre dos fincas y el cuerpo tuvo que quedarse tres días allí hasta que pudieron sacarlo, del mal estado en que estaban los caminos".

Para estas familias lo peor no ha pasado. En los próximos días comenzará para ellos un rosario de reuniones donde deberán cuantificar pérdidas e intentar priorizar aspectos a solucionar: "Nos conformamos simplemente con que nos ayuden a eliminar los charcos -así les llaman a las superficies de cultivo totalmente anegadas- y que nos reparen el puente y las zonas más dañadas de los caminos", aseguran.

Y todo eso, contando con que no vuelva a llover.

Un embalse que, aunque lleno, no da soluciones 

Muchas de las fincas que rodean Montellano se articulan en torno a la silueta serpenteante del embalse de Torre del Águila. A pesar de que, según los datos oficiales, se encuentra al cien por cien de sus 64 hectómetros, los agricultores de la zona lo señalan como un ejemplo de lo que les ocurre en sus finchas. "Al pantano le pasa como a nuestros caminos. Con la poca atención que se le presta, ha ido acumulando tierras y sedimentos y da para muy poca agua, que se utiliza principalmente para regar y apenas para el consumo", explican. A algunos les apena que no sea de mayor capacidad: "Con el agua que ha desembalsado, se podrían llenar varios". 

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