Cultura

Gran bronca a Morante en su reaparición en Valladolid

El banderillero Pepín Monje, que actuaba a las órdenes de Morante de la Puebla en Valladolid, resultó ayer herido de gravedad por el primer ejemplar de la tarde, un toro de Domingo Hernández que se cruzó cuando lo llevó al caballo y que al arrollarlo le propinó una fuerte cornada en el muslo derecho.

el 16 sep 2009 / 08:27 h.

El banderillero Pepín Monje, que actuaba a las órdenes de Morante de la Puebla en Valladolid, resultó ayer herido de gravedad por el primer ejemplar de la tarde, un toro de Domingo Hernández que se cruzó cuando lo llevó al caballo y que al arrollarlo le propinó una fuerte cornada en el muslo derecho. Monje sufre una cornada extensa e importante en el muslo derecho, que atraviesa la pierna con orificio de entrada y salida, de pronóstico grave.

En cuanto al festejo, Morante no tuvo su tarde en la reaparición tras la cornada de San Sebastián de los Reyes. Con el primero apenas pudo hacer nada ante un ejemplar justo de fuerzas que comenzó rápido a defenderse y a acortar recorrido, por lo que el sevillano, pese a intentarlo sobre la diestra, terminó abreviando antes de fallar repetidamente con el descabello.

El tercero fue de mejores hechuras y más manejable, aunque quedó lastrado por la falta de raza y fuerza. Se vino pronto abajo, como también hizo Morante, que cuando estaba probando por el pitón derecho, cortó al faena y fue por la espada. Tampoco estuvo acertado, saliéndose de la suerte.

El quinto, un toro muy chico y justo de trapío, pareció querer al principio, pero todo fue un espejismo. La poca fuerza lastró su condición, por lo que Morante tuvo que intentarlo a media altura en series de poco lucimiento. Pasó mucho tiempo el sevillano en la cara, que fracasó con el descabello y enfadó al público del coso de Zorrilla.

El triunfador fue el francés Sebastián Castella, que salió en hombros tras cortar dos orejas. La primera llegó del cuarto, un toro con el que salió decidido de capa, quitó por chicuelinas y protagonizó un gran comienzo de faena por estatuarios ligados con el pase del desdén. El toro embistió con movilidad algo engañosa en las primeras series, en las que Castella lo llevó por abajo en series de desigual ajuste sobre la mano diestra. Cuando quiso tomar la zurda, el de Domingo Hernández se apagó y le costó mucho pasar, por lo que Castella remató la faena, a la que faltó ligazón entre varios naturales de gran factura en terrenos de cercanías.

Otra oreja paseó del sexto, un toro manejable al que cuidó en todos los tercios y por el que apostó. Al de Domingo Hernández le dio tiempo y sitio y lo llevó en redondo en las primeras series en series con demasiada holgura y espacio. Al natural tampoco llegó la regularidad entre varios naturales de buen trazo, por lo que con el toro a menos, Castella se metió entre pitones para arrancar la oreja.

También destacó por su valiente actitud con el segundo, toro manso y desrazado con el que estuvo firme desde el principio, en un saludo a pies juntos que remató con una revolera más allá de la segunda raya. Dejó el francés muy crudo al toro y empezó la faena con series firmes, con más valor y firmeza que brillantez Un pinchazo y una estocada desprendida enfriaron su labor, que terminó siendo premiada con una ovación.

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