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Greenpeace denuncia que se tiran 66 millones por la mala gestión de la costa

La ONG alertó sobre los proyectos urbanísticos de Valdevaqueros y El Palmar, en Cádiz, "donde quieren resurgir la cultura del ladrillo".

el 12 jul 2012 / 18:34 h.

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La playa de El Palmar, en Cádiz, es uno de los mejores ejemplos de conservación de la costa. / El Correo

Andalucía derrocha más de 66 millones por la mala gestión de la costa andaluza, según denunció ayer la organización Greenpeace durante la presentación de la duodécima edición del informe Destrucción a toda Co sta. En él, la ONG ha comprobado cómo la mala gestión costera -con actuaciones como la regeneración de playas, dragados y espigones, o reconstrucción de paseos marítimos- supone un "derroche constante de dinero, ya que no son más que parches, que hay que arreglar año tras año, y que podría evitarse con una gestión integral del litoral". Esta falta de visión de futuro, supondría para Andalucía un gasto cercano a los 600 millones de euros hasta 2100 debido a la intensificación de los temporales y las sequías.

Así, según explicó María José Caballero, directora de campaña, en las políticas de costa, nadie está teniendo en cuenta la subida del nivel del mar por el cambio climático. "Si esto no se controla ya, hacerlo en el futuro nos costaría 3.500 millones de euros". El informe denuncia cómo el desarrollo urbanístico ha afectado de forma negativa al turismo. Así, según explicó Juande Fernández, delegado de Greenpeace Andalucía, "el modelo de construcción masiva, típico de la Costa de Sol está acabado". Por ello, alertó de proyectos urbanísticos similares, como el de Valdevaqueros o El Palmar, "donde quieren hacer resurgir la cultura del ladrillo". En el lado opuesto, situó El Algarrobico, "donde se abre una puerta de esperanza ya que su demolición parece estar más cerca ". Asimismo, destacó a Doñana como ejemplo de una "buena gestión sostenible, con importantes beneficios económicos".

Fernández denunció que en Andalucía un 67% de los recursos medioambientales están sobreexplotados, y advirtió que el modelo de Andalucía, donde las competencias litorales están divididas entre el Ministerio, la Junta y los ayuntamientos , "no es el adecuado, ya que habría que abogar por una administración integrada". Pero, según Caballero, algunos datos sí invitan al optimismo: Una costa bien conservada, proporciona 7.700 millones de beneficios, por lo que apostó por la "fiscalidad ambiental".

LAS DOS CARAS DEL LITORAL. Para humanizar el informe, Greenpeace ha querido incluir este año 20 testimonios de personas que viven en las costas españolas, diez de ellas con experiencias positivas y otras diez negativas. En Andalucía, los protagonistas son Antonio Morales y Alfonso Aranburu. El primero de ellos es madrileño, y tras más de 25 años viviendo en la capital, decidió cambiar su vida urbana por una más tranquila en el campo. Desde 2009 gestiona un pequeño conjunto de casas rurales en El Palmar (Cádiz), una zona ajena al desarrollo urbanístico sufrido por las costas españolas, sin bloques de apartamentos ni paseo marítimo. "Es el mejor ejemplo de turismo sostenible y responsable con el medio ambiente", explica el responsable. La otra cara de la moneda, la firma Alfonso Aranburu, asiduo a la navegación por las rías de Huelva, hasta que éstas se cubrieron de residuos de las fábricas (principalmente de fosfoyesos procedentes de Fertiberia). Aranburu cuenta el triste desenlace de numerosos amigos y conocidos: "dos compañeros de vela murieron de cáncer, al igual que varios compañeros de trabajo. A mí mismo me operaron de lo mismo en el año 2000".

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