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Griñán, la pelea más dura

El socialista debe vencer el lastre de 30 años y jugará contra Rajoy y sus “retrocesos”.

el 09 mar 2012 / 18:35 h.

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El sábado que José Antonio Griñán fue proclamado candidato, la número dos del PSOE andaluz, Susana Díaz, le dijo: "Pepe, te ha tocado". Al presidente de la Junta, que a sus 66 años se estrena como aspirante a la presidencia de la Junta, efectivamente le ha tocado librar la batalla más dura que hasta ahora ha tenido que pelear su partido en Andalucía. Éstas elecciones suponen la batalla perfecta. Se alinean todos las condiciones para que sean unos comicios en los que el PSOE se juega mucho. Y tiene que saltar muchos obstáculos: crisis, paro, escándalos de corrupción, cansancio y desafecto de su electorado, debilidad política...

Andalucía es la única comunidad, al margen del País Vasco, que sigue en manos socialistas. Perderla sería un golpe moral muy duro para un partido que lleva encajada ya dos severas derrotas. Además el mapa del poder político del país nunca antes habría lucido tan azul. El PP sería omnipotente. Si pierde Andalucía, al PSOE solo le quedaría mirar al país galo, a Francia, para volver a tener esperanzas. La socialdemocracia europea está en la UVI y el Sur de España es su única tabla de salvación, según reflexiona en voz alta en los mítines Alfredo Pérez Rubalcaba.

Eso debe ser mucha presión. Tanta como la que debe tener Griñán, el candidato mejor valorado según el CIS, si piensa que puede ser el socialista que pase a la historia en Andalucía por haber perdido San Telmo después de tres décadas encadenadas de poder en la comunidad. 30 años, insiste el PP en recordar. Ésa es una de sus principales bazas: la necesidad de que Andalucía se estrene en la alternancia política. Ese deseo de cambio es el que late en la sociedad desde hace ya tres años. Ya en 2009 las encuestas comenzaron a emitir señales inequívocas de que el granero socialista estaba agotado y Manuel Chaves tuvo que dejar paso tras 19 años en el poder. Entonces el PP de Javier Arenas machacaba con el discurso del Régimen, que denunciaba una red clientelar tejida desde la administración. La oposición desechó aquel símil, que ofendía a muchos votantes y que no le dio buenos frutos. En su lugar ha encontrado un escándalo de presunta corrupción, el caso de los ERE, que apunta a una administración viciada, sin controles, donde los fondos públicos se manejaban al antojo de algunos políticos beneficiando a los amigos de los socialistas. Durante la campaña, algunos de sus protagonistas se sientan en el banquillo ante una jueza implacable. El relato perfecto para Javier Arenas.

Los socialistas no piensan achantarse. Al menos públicamente, porque no es ningún secreto que la moral socialista está tocada y el partido vive un proceso de desmoronamiento interno que ha dado cruentos espectáculos cainitas justo ante de la campaña electoral. Griñán acusa al PP de "envilecer" la campaña  y defiende que estos 30 años de socialismo en Andalucía han sido "espléndidos" y que a nadie se le ocurra "pedir perdón" por tres décadas que han transformado la comunidad. No todo cambio es a mejor, advierten los socialistas en sus actos públicos.

La decisión de Griñán de mantener las andaluzas en primavera separadas de las generales -no había autonómicas en solitario desde 1990- puede ser su gran acierto. Los 100 días de Mariano Rajoy en La Moncloa han dado de sí. Recortes y medidas tan impopulares como la reforma laboral, que los socialistas señalan como una trituradora de derechos, van a ser clave. De fondo un mensaje: con el PP el cambio es a peor, es un retroceso, las conquistas sociales peligran.

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