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Griñán no es el problema

Escribir de política no es una de mis mejores aficiones, pero hoy empieza el debate de investidura del nuevo presidente andaluz, lo que representa en sí mismo uno de los acontecimientos más importantes de la vida política de nuestra comunidad, y de la misma manera...

el 16 sep 2009 / 01:36 h.

Escribir de política no es una de mis mejores aficiones, pero hoy empieza el debate de investidura del nuevo presidente andaluz, lo que representa en sí mismo uno de los acontecimientos más importantes de la vida política de nuestra comunidad, y de la misma manera que en las conversaciones de la calle, en las portadas de los periódicos y en los informativos se toma sopa de letras de Griñan, también creo oportuno pararme un segundo y dedicar alguna atención a este hito de nuestra pequeña historia reciente.

Griñán puede despertar, como todo lo nuevo, alguna expectativa entre el común de los ciudadanos, por su aspecto de hombre exquisito al que sólo le faltan en el ojal jazmines para cenar, con una trayectoria discretamente elegante en la política, con aspecto de gestor de empresa multinacional con sede en Andalucía, más accesible que su predecesor y con una vigilancia extrema en las formas, las suyas, de mostrarse ante el público.

En su primera intervención pública ante los jóvenes socialistas se ha mostrado sumiso con el PSOE, partido que obtuvo en las elecciones la mayoría absoluta, lo que le sirve para justificar su candidatura sin haber sido candidato. Ha indicado que es su partido el que con luces largas va señalando el camino, como ha hecho en los últimos 30 años, en los que sólo ha cambiado la bombilla. De las viejas bombillas a los actuales faros de xenón, pasando por los ya anticuados halógenos, el PSOE ha alumbrado, iluminado, pero también deslumbrado, en su significado de obnubilar, el camino a nuestra tierra.

Con su puesta a disposición de su partido en la acción política demuestra que pese a su aspecto formal, el Gobierno de Andalucía cambia de nombre, posiblemente de gestos, pero seguirá siendo el mismo de los últimos treinta años. Treinta años en los que la única memoria que nos queda es la histórica; la única apuesta, seguir acariciando el paro con las subvenciones; el único objetivo mantener la situación de atraso para conservar los votos. Griñan no es el problema que tiene Andalucía.

Consultor de comunicación

isidro@cuberos.com

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