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Griñán o la tesitura de su cambio tranquilo pero profundo

El discurso pronunciado ayer en la Cámara andaluza por José Antonio Griñan marca un antes y un después en el modelo del gobierno andaluz. Con comedimiento y brillantez, pedagógico pero a la vez certero y valiente sn sus formulaciones, quien será el quinto presidente de la Junta de Andalucía inauguró ayer una etapa que promete estar marcada por el cambio de ritmo en la gestión...

el 16 sep 2009 / 01:40 h.

El discurso pronunciado ayer en la Cámara andaluza por José Antonio Griñan marca un antes y un después en el modelo del gobierno andaluz. Con comedimiento y brillantez, pedagógico pero a la vez certero y valiente sn sus formulaciones, quien será el quinto presidente de la Junta de Andalucía inauguró ayer una etapa que promete estar marcada por el cambio de ritmo en la gestión, en el modelo de trabajo desde la administración, por la relativización del peso de ésta en el devenir socioeconómico andaluz y todo bañado por un concepto del que Griñán ha hecho bandera: la eficacia. En su alocución, inevitablemente, subyacía un fuerte espíritu autocrítico. Aunque nunca permitió traicionarse, sabiéndose correponsable de lo bueno y lo malo registrado durante las dos últimas décadas de gobierno socialista de Andalucía. Pero no tocaba hacer balance de lo acontecido, sino mirar al futuro. "Ni catastrofismo, ni autocompacencia", dijo ante una cámara expectante. De hecho, decidió arrancar sus discurso recordando el crecimiento del desempleo en Andalucía y las dificultades generales y globales que se registran. Su discurso fue comprometido y en sintonía con el programa electoral de su partido, lo cual no obsta para que haya introducido en el debate y en el frontispicio de su acción de gobierno dos prioridades políticas -la Educación y la reforma de la administración- y haya dejado claro -como venía haciendo desde la vicepresidencia económica- sus convicciones socialdemócratas: mercado y estado de bienestar.

Si de forma especial a alguien debió agradar el discurso de Griñán fue a los empresarios, aunque debería sonarle igual de bien al resto de la sociedad. Uno de sus compromisos de mayor calado es de la creación de un marco económico estable, basado en la seguridad jurídica y la previsibilidad, dos de las demandas más reiteradas por el empresariado andaluz. La letra menuda e invisible con al que ha sido escrito ese pasaje alude, entre otros ejemplos, a las 50 normas de carácter general dictadas por la administración andaluza entre 2002 y 2009 en materia de urbanismo y ordenación del territorio. "Regulación, sí. Intervención y supervisión pública, también. Pero, en ningún caso, asfixia de la iniciativa privada", aclaró. Ese concepto lo acompañó de otras reflexiones de igual enjundia: debe ser la sociedad andaluza un ente pujante y dinámico que tire del carro y vertebre la comunidad. Y la administración, el instrumento útil que se ponga a su servicio. Implícitamente, en su discurso, Griñán trazaba así líneas estratégicas sobre el papel que corresponde a cada uno en la construcción andaluza.

Es destacable, igualmente, que fue un discurso de largo recorrido, largoplacista, con las luces cortas iluminando la cotidianeidad y sus problemas; y con las largas, iluminando el futuro. Ayer demostró el candidato socialista su rigor y solidez. No hizo oferta banal alguna, no construyó su discurso sobre el oportunismo que brindaba la ocasión ni se empleó en alegrarle el oído a los suyos. Al contrario, prometió trabajar con todos, no prácticar el sectarismo bajo ninguna de sus formas, se empeñó en perseguir la excelencia y en favorecer la promoción de los funcionarios eficientes, una apuesta que va incardinada en esa revolucionaria reforma de la administración pública -siempre enunciada y nunca ejecutada- con su vertiente descentralizadora, otorgándole poderes y competencias nuevas a ayuntamientos y Diputaciones.

En suma, la intervención de Griñán resultó clarificadora y tranquilizadora. Tiene un proyecto de Andalucía en la cabeza sin abandonar la linde de las exigencias programáticas del PSOE, sabe cómo hacerlo y quiere hacerlo. Ahora le queda lo más importante y difícil: hacerlo. Yhacerlo en tiempos de crisis económica, con menos recursos, menos instrumentos y el doble de problemas. No va a ser fácil, pero si se empeña en seguir el sendero que él mismo se ha trazado y en gestionar con rigor y celeridad puede conseguirlo y los ciudadanos se lo reconocerán.

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