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Gripe A: normalidad en la excepcionalidad

Atono con el clima de relajada prevención con que la población española aguarda los efectos de la pandemia de gripe A, pero con un ojo puesto en el precedente hispanoamericano y sus contundentes medidas de choque, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, señalaba ayer la posibilidad de que se cierren los colegios españoles en caso de que se constate "un índice muy alto de contagios"...

el 16 sep 2009 / 07:20 h.

Atono con el clima de relajada prevención con que la población española aguarda los efectos de la pandemia de gripe A, pero con un ojo puesto en el precedente hispanoamericano y sus contundentes medidas de choque, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, señalaba ayer la posibilidad de que se cierren los colegios españoles en caso de que se constate "un índice muy alto de contagios" de la gripe A este otoño. La conjetura de Jiménez subraya lo que ya se sabía y ella misma se ha encargado de recordar en días anteriores: que este problema sanitario a escala mundial debe ser tomado en serio por todos, con todas las medidas al alcance, aunque no sea preciso alterar la vida cotidiana. De hecho en la vecina Francia, donde la incidencia de la enfermedad se halla en 37 personas por cada 100.000 habitantes -una cifra muy similar a los 34 por 100.000 de España- ya se ha anunciado que se cerrarán las aulas en las que se registren tres casos de gripe en una semana, aunque el curso arrancará con normalidad el día 2 de septiembre.

Es importante que los ciudadanos, mediante éste y otros gestos, perciban que existe una gestión seria y adecuada por parte de la administración para la prevención y la respuesta frente a esta contingencia: lo último que puede contribuir a mejorar las cosas es la alarma social. Y es importante también que la sociedad por entero se conciencie de que ha de ser parte activa en la solución, en especial extremando las medidas más elementales de higiene para evitar el contagio a uno mismo y a los demás. La población occidental, instalada en la falsa creencia de ser inmune a esas desgracias colectivas que siempre ocurren en otras partes, debe salir de su inacción y empezar ya a establecer todos los protocolos preventivos que las autoridades han aconsejado. Éstas, a su vez, harán bien ayudando a crear un clima de normalidad dentro de la excepcionalidad, al tiempo que trabajan de forma rigurosa y coordinada para minimizar en lo posible los efectos de la pandemia.

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