Cultura

Grisáceos diálogos

el 25 feb 2011 / 17:32 h.

Visitando el canal que el compositor jerezano, residente en Austria, Agustín Castilla-Ávila (1974) tiene en YouTube se aprecian destellos de un creador en periodo de gestación, una voz musical que, desde la guitarra española, está creando piezas microtonales y explorativas de innegable calado.

Incluso, suya es la ópera de cámara La Dulcinea de Don Quijote, cuya música, de indudable sugerencia y caracter modernista, merecería ser conocida en esta latitud que, por otra parte, es la propia del compositor. Sin embargo la pieza que estrenó la Sinfónica de Sevilla esta semana, A. Mort.Z IV, queda, después de la meritoria ejecución, en tierra de nadie.

En descargo de Castilla-Ávila diremos que él mismo ha contenido su lenguaje en aras de promover un juego de espejos con la Sinfonía Praga de Mozart, de la que mantiene tanto la instrumentación, el ritmo y los tempis. Pero el resultado no es gratificante, ni para el oyente conservador, que asiste a una suerte de Mozart deformado y henchido de tensiones ni para el aficionado a la música de vanguardia, que acaba desinteresándose por una pieza tímbricamente neutra y convencional.

El director Hansjörg Schellenberg ofreció después una lectura algo desabrida de la Sinfonía Concertante de Mozart, de la que sólo interesó el muy musical e inspirado cuarteto de solistas de la ROSS, quienes, de propina, ofrecieron el tango El porsche negro de Julio Medaglia. Con la Cuarta Sinfonía de Beethoven, los bríos por parte del maestro alemán fueron mayores. Excelente el Adagio, muy atinadamente despojado de excesivo vibrato, con acuciados contrastes dinámicos y, en fin, versión estilosa, de aguerridos perfiles.

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