Local

Guardianes 2.0

La Delegación de Participación Ciudadana de la Policía Nacional lleva a cabo un programa por el que ofrecen consejos en los centros escolares sobre diferentes cuestiones.

el 10 nov 2014 / 12:00 h.

TAGS:

policia-nacional"Desde el momento que mandas una foto desde tu móvil pierdes el control sobre ella". Esta puede ser la frase que mejor resume el peligro que pueden suponer las redes sociales o aplicaciones móviles de mensajería, en las que los menores se convierten en presas fáciles, en víctimas de posibles acosadores o, lo que es peor, de pedófilos y pederastas. Para evitar que los más jóvenes sufran vejaciones y humillaciones en la red los agentes de la Delegación de Participación Ciudadana de la Policía Nacional visitan los centros escolares, donde enseñan a los alumnos los peligros que les acechan en internet y a saber librarse de ellos. Son guardianes 2.0, que también ofrecen charlas a profesores y padres, los otros grandes aliados en la lucha contra estas nuevas formas de delinquir usando las nuevas tecnologías. Alguna tan habitual ya como un móvil, un ordenador o una tableta pueden convertirse en herramientas con las que los menores pueden llegar a convertirse en víctimas o ejecutores de un delito «muchas veces sin saberlo». El subinspector Salvador González y el agente Fidel Acosta se pasan el curso escolar recorriendo los centros del Distrito Macarena ofreciendo a los chicos unas charlas en las que, con un lenguaje muy cercano a ellos y con vídeos explicativos, les acercan una realidad más frecuente de lo que quisiéramos. Hoy están en el SAFA de Valdezorras con los alumnos de dos clases de Primero de ESO, que tienen entre 12 y 13 años, «una edad muy peligrosa», asegura González, pues muchos manejan ya su propio móvil o pasan horas ante un ordenador en su dormitorio. El primer peligro del que les advierten estos agentes es del acoso escolar. «Lo que ocurre es que el acoso ya no es como cuando nosotros íbamos al colegio, ahora con internet y el móvil se va mucho más allá. Nosotros hemos visto barbaridades», señala el subinspector. Lo define como «una situación en la que uno o varios alumnos insultan, agreden, humillan, chantajean, aíslan o roban a otro y se hace de forma prolongada en el tiempo». Es el bullying, que cometido utilizando las nuevas tecnologías para acometer un acto hostil deliberado sobre una persona, se denomina cyberbullying. Un acoso que pasa de las aulas, a las redes sociales «con mensajes amenazantes, o por el whatsapp, a través del cual la víctima recibe insultos o frases del tipo de voy a esperar a la puerta del colegio». «Muchas veces podemos creer que estamos de broma, pero en realidad estamos cometiendo un delito», advierte este agente ante un público que poco a poco va pasando de las risas tontas a tomarse el asunto más en serio. «Hay que ser compañeros y amigos, y si vemos que alguien está sufriendo este tipo de acoso debemos contárselo a los profesores», pues en el caso todos podemos ser actores si solo actuamos como espectadores. De hecho, la Policía insiste en el importante papel que tienen los profesores en estos asuntos, pues el acoso se detecta por claves como el desinterés por los estudios y el bajo rendimiento escolar. «De ahí se pasa a la ansiedad y la depresión. Debemos actuar porque podemos llegar tarde», asegura, tras explicarles el caso de una chica de Canadá que acabó suicidándose porque no podía aguantar más la situación. Las caras de los chavales lo dicen todo. Hay veces que el agresor no es un compañero de bancada, sino que el peligro se esconde tras falsas identidades. «Lo primero que te va a decir es que tiene 16 años y se va a poner la foto de un chico joven y rubio guapísimo, lo que no sabes es que tras esa apariencia se esconde un tío de 50 años», dice el agente, que añade «calvo y feo como yo», le dice con cierto tono de broma. Son adultos que entran a la red en busca de menores con los que establecer una amistad «para poder obtener satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas, que incluso llegan a intentar un encuentro sexual». Es el denominado grooming, un tipo de violencia sexual que se inicia con un intento de establecer amistad por parte de adulto, explica González, mientras Acosta lanza en la pantalla un vídeo con un ejemplo de conversación entre «el perturbado» y una chica joven. Lo que comienza con un «hola quiero conocerte» acaba con un «déjame ver algo más de tu cuerpo», en un juego en el que la chica acaba semidesnudándose y es grabada por la web cam sin su consentimiento. Un vídeo que luego utilizará para chantajearla si no accede a enviarle más fotos y vídeos eróticos. «Estamos ante el caso de un pedófilo, un adulto que obtiene satisfacción sexual en los niños, incluso de cortas edades», explica el subinspector; mientras que el pederasta «es aquel que da un paso más, que quiere tener el contacto sexual directo». «Tenéis que tener mucho cuidado con quien contactáis», les dice el agente, que les explica que se pueden encontrar con situaciones tan desagradables como que directamente les pregunten si quieren mantener relaciones sexuales, porque «se pasan el día chateando con varios jóvenes, pierden el tiempo y se lanzan». Otra forma habitual con la que pederastas y pedófilo contactan con sus víctimas son las ofertas falsas de trabajo, «para modelo, gogó para discotecas, que entran a las chicas pidiéndoles fotos para ver si dan el perfil para un trabajo que luego no existe», explica González. Pero los pederastas y pedófilos no son los únicos enemigos en la red, sino que muchas veces somos nosotros mismos al colgar una foto comprometida o enviarla por teléfono a algún conocido. Es el llamado sexting, un fenómeno muy habitual. «Muchas chicas se hacen fotos semidesnudas y se las mandan al noviete que conocen de hace dos días, al que quieren mucho. Y este, cuando la recibe se la manda a todos sus contactos, por lo que en poco tiempo la foto está rulando por plataformas de mensajería instantánea y por internet». «Hubo un caso en el que todos los chicos se pusieron la foto de perfil de whatsapp», por eso hay que tener mucho cuidado «porque cuando mandas una foto desde tu móvil pierdes el control sobre ella». Es más, «la foto se quedará eternamente en la red». El subinspector pide por ello a los alumnos que no pasen las fotos comprometidas que les lleguen, «borradlas, porque pasándolas estamos aumentando el dolor de esa persona y estamos cometiendo un delito sin saberlo». «El sexting aumenta el riesgo de sufrir acoso y groming», pues que gran parte de la pornografía infantil «se nutre del sexting». Por eso recomienda tener mucho cuidado con las fotos que se suben. Las consecuencias nos perseguirán de por vida.

  • 1