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Guardianes de la eternidad

Mientras se libraba la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, se sentaba en el solio de San Pedro Inocencio III que enunció la teoría de las dos espadas: en el mundo existían dos poderes, el de los monarcas y el de la Iglesia, el temporal y el eterno y, en caso de conflicto...

el 16 sep 2009 / 04:24 h.

Mientras se libraba la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, se sentaba en el solio de San Pedro Inocencio III que enunció la teoría de las dos espadas: en el mundo existían dos poderes, el de los monarcas y el de la Iglesia, el temporal y el eterno y, en caso de conflicto, predominaba el segundo; la teoría, un ordenamiento inamovible en aquel entonces muy parecido al de los guardianes de la revolución iraní, sirvió a todas las teocracias posteriores y en nuestro caso justificó la recuperación de España por la cristiandad mediante la Reconquista. En Europa, todo eso se fue al traste con Montesquieu o, mejor dicho, debería haberse ido.

Porque resulta que la idea que lo sustentaba sigue presente en parte de la judicatura española y, por supuesto, forma parte de la mentalidad del magistrado que se ha cargado la biblioteca universitaria en el Prado de San Sebastián en una sentencia que, con lenguaje entre el del IV Concilio de Letrán (1215) y el de la famosa pregunta del referéndum para la autonomía de Andalucía (1980), concede a un determinado PGOU nada más y nada menos que el carácter de Tablas de la Ley bajadas por Moisés del Sinaí.

La sentencia no trata, en realidad, de un edificio; trata de limitar el poder democrático de la ciudad con un ángel custodio de espada flamígera, encargado de pontificar sobre lo temporal y lo eterno. En 1987 se habría realizado un PGOU por el cual los ciudadanos "recuperaban" para toda la eternidad un espacio. Una cuestión interesante sería saber cuándo lo habían perdido y otra dejar claro que la antigua ceremonia de ungir con óleo a los jueces hace ya tiempo que se cambió por una oposición. La sentencia se sustenta en la misma idea de reconquista de Ximénez de Rada, aunque ésta, a pesar del lenguaje ampuloso, sea de las de andar por casa.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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